Este blog ya no está activo. Por favor, visita mi nuevo blog en El Diario Montañés: Llamazares en su tinta.



domingo, 22 de abril de 2007

¿Qué hay debajo de las faldas?



Puede parecer algo intrascendente —y seguramente lo es—, pero no podemos negar que se trata de un asunto que ha interesado e interesa —y de qué modo— a los varones de todo tiempo y lugar: ¿Qué misterios se ocultan bajo las faldas?
La fascinación es tal, que incluso los niños intentan, a la menor ocasión, levantar alguna, para comprobar por sí mismos si valía la pena arriesgarse a recibir una bofetada.

¿Por qué esa atracción? ¿Será por el carácter volátil de las faldas, que mecidas por el viento se convierten en aves de colorido plumaje? ¿Será que nuestra febril imaginación las convierte en pasadizos a otras dimensiones, en trampantojos que prometen los más variados delirios? ¿Será mera simpleza masculina?

Escoceses aparte, lo que esta cautivadora prenda esconde suele ser una nueva pieza de ropa, aunque esta vez mucho más íntima. Y estacionaria. Porque el invierno es triste, mal momento para las faldas, que ocultan leotardos y leggins. No así el otoño y la primavera, que ven florecer las medias y pantis, y mucho menos el verano.

Hay medias de muchas clases; pueden ser de seda, de licra o de nailon, pueden ir con costura o sin ella (aunque, en tiempos de carestía, no ha faltado quien se pintara una línea que trepara del tobillo hasta la falda, para simular una inexistente media). Las hay lisas, de colores, estampadas... Las hay gruesas y las hay de rejilla, que no sabemos si abrigan, pero desde luego sí que suelen subir la temperatura... de los varones que las observan.

Claro que los chicos le llamamos a todo medias, y no es así. Las medias propiamente dichas vienen por parejas, y mueren poco antes de alcanzar las ingles. El problema es que, para sujetarse, necesitan de otras prendas auxiliares, lo que aumenta sobremanera las preocupaciones de los varones.





Aunque hay medias que incorporan una tira elástica, el aderezo por excelencia es la liga; tan clásico, que apenas se utiliza en las bodas para acompañar a la corbata en las subastas que se hacen a los postres. Sin embargo, hay otro elemento cargada de una inmensa fuerza fetichista, y que excita la imaginación de casi todos los hombres: el liguero.

El liguero, en realidad, no es casi nada, apenas un cinturón que recorre la cintura, del que penden tirantes que, asidos a las medias, la mantienen en su sitio. Y sin embargo, a pesar de su sencillez, resulta cautivador; cuando imaginamos a una mujer ardiente, nuestra mente la dibuja con liguero. Nada más excitante que el viejo mito de la dama refinada, tímida y virginal en público, y volcánica e insaciable en la intimidad. Además, está el encanto retro: si hay prendas más cómodas y más prácticas, usar este artilugio demodé es un claro guiño a la seducción.


Por otro lado están los pantis, que son de una sola pieza y recubren piernas y caderas hasta desembocar en el ombligo, más o menos. Esta versión moderna de las medias tiene todas las ventajas típicas de la modernidad: son más calientes, más cómodas, más fáciles de poner, etc. Son, además, el perfecto complementante de las minifaldas, pues evitan que cualquier desliz deje al descubierto más superficie de la deseada. Esta prenda, no obstante, no produce en el varón los mismos efectos que su antecesora. Cierto que deja ver —o entrever— tanto como la media, pero no sugiere lo mismo. Y es que el punto fuerte de las medias (con liga o con liguero) es el abanico de posibilidades que ofrece, la hipotética disponibilidad que pregona. No es necesario que suceda nada, basta con que «sea posible» que ocurra. Cualquiera que haya salido con una chica con pantis lo sabe.

Y nos queda la ropa propiamente interior. Dice una estadística que acabo de consultar (y que no debe de ser muy fiable, porque la he sacado de internet) que un 88% de las mujeres occidentales usa tanga, una moda imparable desde el cambio de siglo.


El tanga. Esa prenda, mítica hace apenas una década, que creíamos patrimonio exclusivo de las deidades brasileñas. ¿Quién no escuchó a alguna chica decir: «pero cómo pueden ponerse eso, si se mete por todas partes; madre mía, qué incomodidad»? Y resulta que, antes de acabar la frase, ya estaba en la tienda probando su nueva lencería.
La explicación es estética, claro: el tanga evita que, al vestir ropa ajustada, se marque el contorno de la ropa interior. Y tienen razón. Esa liberación de las nalgas es una auténtica alegría social. Pero que nadie piense que el tanga es una seña de identidad juvenil, que tiene algo de contestatario o reivindicativo. No, amigos. Si queréis dejar de idealizar el tanga como si fuera una prenda fetiche, tan sólo pensad en que incluso los usa... vuestra madre.



Porque las madres lo que han usado toda la vida no era precisamente tanga, sino una prenda capaz de cortar de raíz todo pensamiento libidinoso: la faja. La faja, una especie de suplicio medieval, es un calzón liliputiense reforzado que se supone que cumple una doble función: abrigar y comprimir. Frío seguro que quita, pero también debe de cortar la circulación, y hasta reducir el riego. Y es que esta prenda tan púdica, con su característico color "carne", siempre me hace pensar en los medievales cinturones de castidad —que, por cierto, algunos sostienen que jamás existieron, al menos no como nosotros imaginábamos—.

Y es que lo oculto debajo de la falda tiene el encanto del misterio; ese no saber qué habrá, que nos espera si conseguimos levantar su vuelo. Este interés puede hasta convertirse en obsesión —en internet, que todo lo categoriza, hay un nueva clase de perversión, la de mirar bajo la falta, pero como se alude a ella en inglés (upskirt) nosotros aún podemos no darnos por enterados—. Lo más curioso es que a los varones nos gusta ver cómo asoma, por ejemplo, un tanga. Pero no conozco a ninguna chica que se emocione cuando lo que asoma es un calzoncillo o, caso más extremo aún, se insinúa, vergonzante, el estrecho canal que separa dos nalgas; es decir, una vulgar raja del culo.


Finalmente, me gustaría que colaboraseis (vosotros y vosotras) en esta pequeña encuesta, para determinar de una vez por todas qué ###%&## es lo que hay debajo de las faldas.



12 comentarios:

ANA DE LA ROBLA dijo...

Cielos, pero qué intelectual te nos has puextooo ;DDDD. A ver qué pasa con la encuesta...

Julián dijo...

Pensar en cómo iban las muchachas en "nuestra época", con aquellos jerséis estirajados que tapaban el culo y apenas dejaban ver las formas. Y ahora, medio en pelotas, enseñando el ombligo, los piercings y tatuajes, el tanga, esos escotes. Unas frescas, vamos. Llega la primavera y con ella la amenaza de tortícolis...

Javier Menéndez Llamazares dijo...

Ana, si te parece poco intelectual reflexionar sobre el asunto teóricamente... Si fuera un hombre de acción, estaría investigando sobre el terreno; yendo a lo práctico, vamos.

Javier Menéndez Llamazares dijo...

Amigo Julián: contención. Ahora, que eso de "nuestra época" suena pero que muy muy raro. Y es verdad, qué jerséis aquellos; yo no sé si es que se lo compraban ellas por pudor, o sus madres pensando en que aún tenían que crecer mucho.

ANA DE LA ROBLA dijo...

Bueno, Javi, lo práctico tampoco lo descuidas, dime tú para qué es la encuesta, entonces... (por cierto, yo ya he contestado). Ahora sólo resta que te creas o no los resultados que salgan al final... ¿Habrá nuevo post con comentarios ad hoc?

Javier Menéndez Llamazares dijo...

Vale, admito que la encuesta tiene algo de empírico, pero por lo que más quieras, discreción, no vaya a enterarse de esto mi santa esposa. O peor aún: ¡mi madre! ¡Oh, cielos, no!
Sobre el análisis posterior, espero que el número de informantes [sinceros] lo justifique. Claro que, si quieres colaborar en el estudio de los datos, estás invitada...

ANA DE LA ROBLA dijo...

Seguro que a tu "santa esposa" le encantan las ilustraciones elegidas para el post (en especial esa del cinturón de castidad o lo que quiera que sea eso tan feo). Para lo del análisis de resultados me presto gustosa, veo que ya son 10 los informantes desinteresados pero interesantes: ¿cómo puede ser que el sexy calzoncillo de cuello cisne no tenga ningún adepto?
Y por cierto, una observación: estás empezando a dejar de ser nadie: cuídate de tu fama, no vaya a sepultarte... (¿te has percatado de que tus entradas "Menéndez 1- Ramos 0" y "Lo difícil es que te lean" no tienen ningún comentario, y en cambio esta se está masificando? No hay como ponerse intelectual para que lo lean a uno...

Javier Menéndez Llamazares dijo...

Ana, tienes toda la razón; creo que he equivocado mi camino literario y que tal vez debiera reconducir mis escritos. Se me han ocurrido dos ideas:
1. Hablar sólo de cosas intelectuales (tipo Apolinaire y sus once mil millones de vergas), aunque no sé si los blogs también se pueden leer con una sola mano.
2. "Ilustrar" los artículos con hermosos desnudos, al estilo del Playboy o el Penthouse; porque todos dicen que las compran "por los artículos".

¿Tú crees que con estas mejoras lograré el éxito? ¿Dejaré de ser nadie? No sé, no sé, lo mismo cualquier día...

Franfer dijo...

No es qué hay debajo de las faldas sino qué hay debajo de las bragas :-)

JFlores dijo...

Bueno, en cada caso es distinto, pero a mi lo que más me gusta encontrar es un bonito tanga, la verdad es que me encantan! Contención Jesusín que te nos pierdes...
Por cierto Javier, veo en el mapmyname ese que somos vecinos, a ver si un dia nos vemos comprando el pan, un salido, digo un saludo...

MARKO dijo...

LO MAS RICO DEL UPSKIRT ES VER LAS CHAVAS DE LOS COLEGIOS, O LAS CHAVAS QUE LLEVAN FALDA TEXANA O DE JEAN... DELICIOSAS

Anónimo dijo...

un viejo amigo dijo esto: ANTES PARA VER LAS NALGAS A LA MUJER HABIA QUE QUITARLES LAS PANTALETAS (pantys), AHORA PARA VERLE LAS PANTYS (hilo)..
HAY QUE QUITARLES LAS NALGAS... UYYY COMO HAN CAMBIADO LAS COSAS..CREO QUE ES CUESTION DE ESTETICA Y NO DE MODA..