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viernes, 13 de noviembre de 2009

Fetichismo del marcapáginas


Un amigo me ha dado el chivatazo: parece ser que alguien quiere vender los marcapáginas que ha diseñado la editorial para promocionar mi libro.
No voy decir que no me haga gracia, pero vamos, por mucha crisis y mucho coleccionismo que le echemos, pedir 50 pelas por un papelín que te dan gratis en cualquier librería...
Aún a riesgo de que me acusen de enemigo de la iniciativa y de la libre empresa, estoy por pedirle a la editorial un taco de marcapáginas, y al que le haga ilusión le regalo el marcapáginas firmado. Y gratis.

miércoles, 24 de junio de 2009

Extraños elogios




Igual que Don Alonso en Puerto Lápice, esta noche me toca velar armas. Mañana me presento ante mis paisanos, y cuesta frenar la inquietud, por más que juegues en casa.
Y, a fuerza de dar vueltas a cualquier cosa, recuerdo ahora la presentación en Santander, y cómo, al concluir, me dijo Manuel Arce desde su experiencia octogenaria:

—No te envidio el papelón que te espera —me espetó—: a ver cómo consigues escribir un libro que supere a éste.

No pude menos que agradecerle el halago, aunque hubiera tocado fibra sensible. En fin, primero veamos qué piensan los demás de este libro, antes de pensar en superarlo.

Pero, puestos a recordar elogios curiosos, el más particular me lo hizo un periodista leonés, que leyó el texto mecanografiado, antes de que saliera publicado, sin tener muy claro quién era el autor. Me dijo:

—El caso es que me sonaba mucho el nombre, pero es que yo no podía imaginar que tú fueras capaz de escribir un libro tan bueno...

Y claro, no sabe uno si agradecer el cumplido, o echarse a temblar. Mañana veremos.

martes, 9 de junio de 2009

Presentación en Santander

Este jueves, 11 de junio, a las 19,30, se presenta mi novela en el Corte Inglés de Santander.

Presenta el acto la escritora Ana Belén Rodríguez de la Robla
Interviene el escritor Manuel Arce
Se proyectará el book-trailer dirigido por José Luis Santos
Al concluir se ofrecerá un vino español

Os espero.






viernes, 29 de mayo de 2009

Firma de libros en la Feria del Libro de Madrid

Este fin de semana estaré en la Feria del Libro de Madrid; me podéis encontrar en la caseta de Editorial Funambulista, la número 221, desde el sábado a las 12 hasta la noche del domingo.
Espero que os animéis a acercaros por allí y saludarme, estaré encantado de conoceros en persona y charlar un rato.

miércoles, 6 de mayo de 2009

Publicado "El método Coué"


Acaba de salir de máquinas mi novela "El método Coué". En un par de días estará en las librerías, pero entre tanto podéis visitar la web del libro, donde se puede ver el impresionante trailer que ha filmado el cineasta José Luis Santos, leer los primeros capítulos del libro o firmar en el libro de visitas. El trailer también se puede ver en Youtube y Metacafe. También se ha abierto una página en Facebook, a la que os invito a uniros.





Y si queréis leer qué dice la editorial sobre la novela, podéis hacerlo en su página.

Estamos preparando algunos actos de presentación, en unos días se concretarán las fechas.

Aprovecho la ocasión para agradeceros a todos el apoyo constante en esta larga aventura de publicar. Gracias por vuestro ánimo, espero que os guste el libro.

lunes, 15 de octubre de 2007

Parrilla de salida



Ya tengo editorial para mi primera novela. Se llama Funambulista y, pese a su corta vida —poco más de tres años—, puede presumir de una trayectoria y un prestigio considerables, con medio centenar de títulos publicados, una envidiable nómina de autores, y muchas y buenas reseñas y críticas. Además, su presencia en librerías garantiza una buena distribución, de modo que ahora sólo falta que el texto funcione —pequeño detalle sin importancia, como podréis suponer—.

El acuerdo de edición lo alcanzamos hace un par de meses, pero ha sido esta semana cuando por fin la noticia se ha oficializado, a través de la web de la editorial. Aún no hay fecha de lanzamiento —calculo que para principios de 2008, pero ya habréis oído hablar de las «prisas del autor», que casi nunca tienen reflejo en el ritmo del editor—, pero ya es seguro que "El método Coué" aparecerá publicado en la colección "LiteraDura", compartiendo cartel con Italo Svevo, Stanislaw Lem y otros autores no menos interesantes. La colección tiene un formato muy particular, casi cuadrado, de 18 cm de alto por 14 de ancho, que resulta muy llamativo en los escaparates de las librerías.

La portada, pese a manejar aún alguna otra alternativa, parece que finalmente será la que adelanté en este blog hace algunas semanas. La fotografía de cubierta es una instantánea tomada en Berlín en agosto de 1944, en el estudio Artifo, y en ella aparece el protagonista de la novela, Manuel Llamazares, y su partenaire, Claudia Stolz. Es una foto real, sacada del viejo álbum familiar, como la historia de la novela, que en realidad procede prácticamente del mismo sitio.

Una noticia espectacular sobre el libro es que el gran escritor Antonio Colinas será el prologuista, lo que es un auténtico honor. Poco a poco, a través de estas páginas, iré desgranando más detalles, tanto acerca de la génesis de la novela como de su deambular por el mercado editorial.

Y me gustaría concluir con una fórmula que expresa muy bien la satisfacción del que alcanza sus metas, una frase tomada del comic de Jan, «Superlópez». Dice así:

«Después de tantos años de trabajo, por fin lo hemos conseguido».


Sólo que, en el tebeo, cada vez que alguien pronuncia esas palabras, allí aparece Superlópez dispuesto a causar una catástrofe. Así que, visto el panorama, no tentaremos la suerte. En breve, más sobre la novela.


miércoles, 18 de julio de 2007

Nueva publicación


«Amigos a la fuerza» es un relato breve por el que, el año pasado, recibí un accésit en los premios literarios de la Universidad de Cantabria.
Y esta mañana se han presentado las obras.
Mi texto está en un hermoso librito de apenas tres pliegos, con una edición exquisita que recuerda formatos como tan clásicos como los de Rialp —al parecer, el diseño "retro" es de época, debido al intelectual Manuel Arce—. Me siento realmente contento, casi tanto como si me hubieran publicado la novela... Hace más de diez años que mi nombre no aparecía en ninguna portada, así que ya os podéis imaginar mi estado de ánimo ahora mismo...
Dado que se trata de una edición no venal, el libro no se puede conseguir en librerías, lo que en el fondo no es tan mala noticia: por un lado, os ahorráis un par de euros; por el otro, yo me ahorro el bochorno de estar expuesto a las opiniones ajenas.
La edición corre a cargo del Consejo Social de la Universidad, pero ignoro si ellos distribuyen el libro o pueden hacérselo llegar a algún interesado.
Sobre el texto, se trata de un relato autobiográfico, en el que narro la única pelea que he ganado en la vida: tenía diez años, y fue contra un rival terrorífico: Johnny Peniche, un chico mayor que había llegado a mi clase ya empezado el curso, y era el terror del colegio. En el cuento intento reflejar el mundo como lo veía entonces —aquellos maravillosos años ochenta— y recordar a todos los amigos (y enemigos) de entonces.
Lamentablemente, me han dado tan pocos ejemplares que no puedo regalar todos lo que me gustaría; a duras penas me va a alcanzar para los familiares directos, o sea que, si queréis conseguirlo, os recomiendo que ejercitéis el ingenio.
Así pues, amigos, va por vosotros.

jueves, 5 de julio de 2007

El calambre del escritor


Ya lo he contado en otra ocasión: durante años fui incapaz de escribir. Y fueron muchos años; diez, para ser exactos.
Supongo que de ahí procede mi actual incontinencia, con este derroche de textos que día tras día vuelco en este blog. Justicia poética, podría decirse: compenso ahora la sequía creativa de una década.
Sin embargo, siempre me preocupó el motivo de mi temporada ágrafa. ¿Había perdido la chispa? ¿No tenía nada que contar? ¿Se me secó el cerebro? Pero claro, visto que lo de la chispa es relativo, que lo de tener o no tener algo que contar no es obstáculo para escribir páginas y más páginas —y, a quien quiera comprobarlo, le remito a los 101 artículos precedentes en este mismo blog—, y que el asunto de las meninges en plan ciruela pasa hubiera sido un estado irreversible, no me quedaban muchas explicaciones para el silencio.
Hasta que, hace unos días, un familiar me hizo llegar un recorte de una revista. Cierto que la fuente no era muy fiable —las páginas de curiosidades de una revista femenina—, pero el contenido me resultó de lo más interesante: hablaban del «calambre del escritor».
Yo ya había oído algo por ahí —como del «codo de tenista», «el pie de atleta» y el «ojo de buen cubero»—, pero no tenía ni idea de que fuera una dolencia identificada, diagnosticable e incluso tratable.
Desde luego, hay que ver qué bien suena: "calambre del escritor". Si es que se me llena la boca al pronunciarlo. No es que yo fuera un vago, no; es que tenía "calambre del escritor", claro. Ahora encaja todo.
Total, que me puse a investigar más y resulta que también tiene un nombre pomposo, de raigambre clásica: "distonía". Y hasta una sociedad de afectados, la Asociación de Lucha contra la Distonía. Le echo un vistazo a su página, y descubro que:

El calambre del escritor es una distonía focal de la mano con contracción de músculos de mano y brazo, durante el acto de la escritura. La mano puede contraerse tan fuertemente que no puede moverse. Tan pronto como se abandona el instrumento de escribir se relaja. Bajo esta denominación se incluyen las distonías en músicos de diferentes instrumentos que requieren delicados movimientos con los dedos.

Perfecto. Así me pasé yo tanto tiempo negado para la literatura: era una imposibilidad física. Recuerdo que me ponía a escribir una crónica periodística o una carta a mi abuelo y no había problema. Pero en cuanto quería emprender un relato, una novela o cualquier asunto creativo... aquello era el fin del mundo: me retorcía sobre mí mismo, la mano se me quedaba rígida, me fallaba el riego cerebral... un desastre, vamos.

Pero ahora la ciencia ha venido en mi auxilio, para demostrar que todos los reproches que tuve que soportar por parte de amigos y familiares eran completamente injustos: no es que no me diera la gana escribir, es que existía una fuerza superior que me lo impedía. Y ellos machacando: que si es una pena, que si no sé cómo no te da vergüenza, que si estás echando a perder tus mejores años. Y ahora, ¿qué? ¿Se van a atrever a criticar a un pobre enfermo.

Claro, yo sufrí un calambre. Un episodio severo de «calambre del escritor», que me tuvo diez años apartado de la literatura. Ahora todo encaja.
Todo encaja, siempre que nadie se entere de que yo no escribo a mano ni la lista de la compra, claro. De que yo escribo a máquina desde los catorce años. Pero bueno, ¿quién va a enterarse?


PS. Del «bloqueo del escritor» y del «miedo a la página en blanco» hablaremos otro día; uno que esté menos sensible.

domingo, 22 de abril de 2007

Lo difícil es que te lean

Hace un par de días me llamó completamente eufórico mi amigo —digamos que míster X.—, que es un escritor de éxito que publica sus libros en una de las editoriales más grandes del planeta.
—¡Me debes unas cañas, tío! —me espetó desde el otro lado del satélite (habría dicho hilo telefónico, que suena muy a “Selecciones del Reader’s Digest", pero creo que me llamaba desde un móvil).
—Hecho —le dije—; pero ya me explicarás qué habíamos apostado.
La cuestión es que mr. X estaba en Barcelona ajustando unos flecos de su contrato editorial, así que aprovechó para acercarse a saludar al editor, con el que ya había trabajado tiempo atrás. Y, cosas de amigos, me había sugerido que le enviase una copia de mi novela, pues podría interesarle.
Pues me cuenta mr. X que, una vez en su oficina, le preguntó al editor qué le había parecido el libro.
—¿Lo cuálo? —vino a responder, aproximadamente, el profesional.
Después de unas cuantas explicaciones, y de calcular una fecha aproximada, el editor se dirigió a un armario de dos puertas, se peleó un poco con los fardos de papel, y finalmente rescató de entre un centenar de manuscritos mi desvalida novela. Sin tocar, claro.
Me asegura mi amigo que, mientras le quitaba el polvo de cinco meses que tenía encima, le prometió que le echaría un vistazo.
—Hombre, es que ahora, sabiendo ya viene recomendada… —se justificó el editor.
Pues es una gran noticia; esto quiere decir que al menos alguien va a hojear —u ojear, no lo tengo muy claro— el libro.
De todos modos, el propio señor X me advirtió de que no me hiciera demasiadas ilusiones:
—Él me dijo que la iba a leer, pero eso no quita que, según salí por la puerta, no la volviera a meter otra vez en el armario…
En fin, que te debo unas cañas, y unas rabas de propina.

viernes, 20 de abril de 2007

El síndrome Kennedy-Toole


Llevaba unos días queriendo continuar con la “Historia de una novela”, pero claro, tampoco quería aburriros con mis lamentos de pretendiente frustrado. A todos los que nos quedamos fuera del reparto del pastel editorial nos encanta hacernos la víctima: es que no me leen, es que no tengo padrino… Algunos incluso se lo toman muy mal, y acaban “somatizando” el problema.
Un caso extremo fue el de John Kennedy-Toole, el autor de una de las mejores novelas de la historia de la literatura universal, “La conjura de los necios” —aderezada además con la trágica historia del autor, que la engrandece hasta proporciones casi mitológicas—.
Kennedy-Toole (1937-1969) no consiguió que nadie publicara su novela, y se lo tomó tan mal que acabó suicidándose con apenas treinta y dos años, no sin antes haberse bebido medio Nueva Orleáns. Y luego, tras su muerte, su madre también se tomó el asunto de la publicación como algo personal, aunque lo hiciera de modo mucho más práctico: empezó a tocar todas las puertas hasta que consiguió que alguien le hiciera caso. Le llevó once años, pero al final un tal Walker Percy —que empezó resistiéndose mucho, hasta que por fin se atrevió a echar un vistazo al manuscrito, pensando que sería tan malo que podría rechazarlo antes de acabar el primer párrafo— descubrió lo evidente: era una obra maestra. Luego vino el éxito, los premios, las ventas millonarias y esas nimiedades que a todos los escritores traen sin cuidado, especialmente si llevan una década criando malvas.
Treinta y dos años y ya se sentía fracasado. Da pánico pensarlo, ¿verdad?; especialmente a mí, que ya he superado esa edad, y sigo los pasos del bueno de Johnny —aunque sólo en lo del rechazo editorial, claro—. Qué faena le haría a mi pobre madre, teniendo que ir de despacho en despacho, con un manuscrito debajo del brazo, mendigando un poco de atención para su malogrado primogénito. La pobre tendría que teñirse el pelo de blanco, arrugarse, vestir un pañolón negro y llevar la novela atada con cuerdas, para intentar conmover a los fieros editores. Claro que yo dejaría viuda, que podría ir con el huérfano y un cartelito de esos con cuatro faltas bien puestas, pidiendo una “hoportunidá, ke má bale ezcribí que de rová”. Espero —y ellas seguro que más— que al final no me alcance el síndrome de Kennedy-Toole, porque tuvo un final de lo más desagradable, un asunto feo de tubos de escape y gomas.

Menos mal que yo suelo ser bastante pesimista para estas cosas; enseguida me convenzo de que “igual faltaba calidad”, asumo mis culpas y paso a otro asunto, porque obsesiones tengo ya de sobra.
Así que, después de la colección de cartas de rechazo que tengo acumulada en el escritorio, ya casi había perdido toda esperanza de que la novela llegase a ver la luz.

Hace unos días, sin embargo, hablé con Antonio Colinas, que tuvo la deferencia de leer “El método Coué” —y enterito— y me insufló muchos ánimos.
El bañezano, que recibía estos días un merecido homenaje en su ciudad natal —y mía de adopción—, me contó que incluso él mismo tuvo que sufrir una larga espera antes de publicar su primera novela, “Un año en el sur”. Y eso que ya era un poeta conocido. Y aún diría más: y eso que ya era Antonio Colinas, nada menos.
Y es que Colinas fue muy caritativo: me dijo que el libro es bueno, que merecía ver la luz, y que si no lo hacía no era por sus méritos o deméritos sino por los caprichos del llamado “mercado editorial”. Y me recomendó paciencia, claro.
Yo, por si acaso, voy a ir llevando el coche al taller, a ver si se puede evitar que salga humo por el escape, no sea que un mal día me dé por querer triunfar a lo Kennedy-Toole.

lunes, 26 de marzo de 2007

Calabazas

En mi odisea en busca de editorial, se me ocurrió que una buena opción podría ser una editorial llamada —pongamos que— X, de advocación homérica. Y no sólo porque creyera que Ulises tendría que ser benévolo conmigo —a fin de cuentas, él también fue nadie—, sino porque se trata de una editorial dedicada a descubrir nuevos autores. En realidad, opera dentro de un grupo multinacional, de modo que tiene una imponente maquinaria "industrial" detrás.
Así que allí envié mi novela y el bueno del editor me respondió con el siguiente mensaje:


------ Mensaje reenviadoDe: "XX, XXX" ######@####.es

Fecha: Wed, 26 Apr 2006 13:08:21 +0200

Para: Javier Menéndez Llamazares ######@####.es

Asunto: el método


Querido amigo, he leído su novela con gusto. Creo que es una novela muy atractiva y con gancho comercial. Entiendo sin embargo que no corresponde con la línea editorial de XXXXXXXXXXX.

La veo más en la línea de editoriales como Plaza &Janés, Planeta. Destino, Agaida o Alfaguara.


Atentamente.


XXXXXXXXXXX

XXXXXXX XXXXXXX

Director Literario


------ Fin del mensaje reenviado


Luego yo le contesto pidiendo que me eche un cable, y me dice:


------ Mensaje reenviado

De: "XXXXXXX, XXXXXX" ######@####.es

Fecha: Wed, 26 Apr 2006 13:37:27 +0200

Para: Javier Menéndez Llamazares ######@####.es

Asunto: RE: Dando la lata


Querido amigo, el tema de publicar está dificil (y me atrevería a decir que bastante perturbado por el afán comercial que domina al mundo editorial en estos momentos) sin embargo me extraña que su novela no encuentre editor porque entiendo que contiene ingredientes con interés literario y con interés comercial. Yo trataría de colocarla en lo que llamaría premios "intermedios": Premio Jaén, Premio Badajoz, Diputación de La Coruña y semejantes pues entiendo que no siempre, al menos, están, "manipulados".

Atentamente

X. X


------ Fin del mensaje reenviado


Para echarse a llorar, ¿verdad? Las editoriales grandes me ignoran (no sé si por invendible o por mediocre, o por ambas cosas) y las pequeñas me dicen que soy demasiado comercial. Como diría Juan Carlos Mestre: "Los poetas viven entre el sí y el no; mueren en el no" (¿o era Jorge Riechmann?).