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domingo, 22 de abril de 2007

Lo difícil es que te lean

Hace un par de días me llamó completamente eufórico mi amigo —digamos que míster X.—, que es un escritor de éxito que publica sus libros en una de las editoriales más grandes del planeta.
—¡Me debes unas cañas, tío! —me espetó desde el otro lado del satélite (habría dicho hilo telefónico, que suena muy a “Selecciones del Reader’s Digest", pero creo que me llamaba desde un móvil).
—Hecho —le dije—; pero ya me explicarás qué habíamos apostado.
La cuestión es que mr. X estaba en Barcelona ajustando unos flecos de su contrato editorial, así que aprovechó para acercarse a saludar al editor, con el que ya había trabajado tiempo atrás. Y, cosas de amigos, me había sugerido que le enviase una copia de mi novela, pues podría interesarle.
Pues me cuenta mr. X que, una vez en su oficina, le preguntó al editor qué le había parecido el libro.
—¿Lo cuálo? —vino a responder, aproximadamente, el profesional.
Después de unas cuantas explicaciones, y de calcular una fecha aproximada, el editor se dirigió a un armario de dos puertas, se peleó un poco con los fardos de papel, y finalmente rescató de entre un centenar de manuscritos mi desvalida novela. Sin tocar, claro.
Me asegura mi amigo que, mientras le quitaba el polvo de cinco meses que tenía encima, le prometió que le echaría un vistazo.
—Hombre, es que ahora, sabiendo ya viene recomendada… —se justificó el editor.
Pues es una gran noticia; esto quiere decir que al menos alguien va a hojear —u ojear, no lo tengo muy claro— el libro.
De todos modos, el propio señor X me advirtió de que no me hiciera demasiadas ilusiones:
—Él me dijo que la iba a leer, pero eso no quita que, según salí por la puerta, no la volviera a meter otra vez en el armario…
En fin, que te debo unas cañas, y unas rabas de propina.

2 comentarios:

JML dijo...

Nada nuevo bajo el sol, compañero de fatigas, pero aún así me produce Vd. angustia. A mi novela no me atrevo a sacarla del armario. A este paso se me va a volver marica, la novela digo, un mamotreto que igual le acabe gustando a aquel lector hembra del que nos habló Cortázar.

Saludos... y no se me desanime, siga paseando su novela y denos esperanzas a los que la dejamos marchitarse en el cajón

Javier Menéndez Llamazares dijo...

Desde luego, hay que ver cómo se han puesto el asunto de los armarios; yo el próximo que compre pediré que tenga un compartimento especial para los calcetines y otro para las novelas.
Gracias por tus ánimos, aunque siento profundamente causar angustia a los demás. Igual hay cosas que sería mejor no contar, ¿verdad?