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jueves, 31 de mayo de 2007

Los que saben: Álvaro Valderas


Hay algunos escritores a los que no les basta con la literatura: algunos acaban atrapados en sus propios laberintos, otros acaban viviendo mundos inventados, y los hay que acaban enrolados en guerras que no son suyas. Y luego está Álvaro Valderas, con el que es imposible distinguir entre creación y realidad.
Vaya por delante mi rendida admiración por él: es mi escritor vivo predilecto. Y también lo sería aunque no fuéramos amigos. De hecho, creo que debería serlo también para el resto del mundo, por más que la fortuna le haya resultado esquiva.
Es autor de una obra ingente desperdigada por un archipiélago de revistas, fancines y libros colectivos. También de "Libro de cruentos", editado por la Diputación de León y "Bloody Mary", un libro sobre vampiresas que apareció en Ediciones del Curueño a finales de los noventa.
Sin embargo, su verdadera obra es su vida. Escribe sin cesar, mucho más de lo que parece físicamente posible. Es capaz de terminar un novela en dos semanas y todos los años firma al menos un centenar de relatos; pero es que son muchos más los que bullen en su cabeza. Pasar un rato con él es ver cómo surgen simultáneamente ideas brillantes y descabelladas, en un torrente guasón que se burla de un mundo que comprende demasiado bien. De reflejos rápidos y siempre dispuesto para la chanza, conversar con él es pura gimnasia mental: no hay nada que no haya leído, no hay concepto al que no pueda dar la vuelta hasta encontrarle un enfoque cómico. Pero lo más espectacular es verle conversar con su madre: más que hablar, parece que le estuviera escribiendo una carta.

Erudito noctámbulo, asiduo de la noche y sus peligros, es su propio personaje de ficción, perdido en los recovecos más literarios de la realidad. Seductor, amigo del peligro, de corazón frágil y presa de cualquier utopía, vive contra el éxito sin regodearse en su malditismo. Yo no quisiera ser él —soy, por desgracia, mucho más cobarde y convencional—, aunque daría cualquier cosa por robarle un poco de su talento.
Pero Álvaro no sólo es escritor: es cualquier cosa que quiera ser. Cuando le conocí —yo era un pipiolo de dieciocho años y él ya era un escritor curtido, aunque tan desconocido como ahora—, en 1991, estaba inmerso en "Titilabus", una de sus ideas fabulosas contra las que se conjuran los elementos. Junto a su amigo Paco el Pintor, realizaban cuadernos, carpetas y papel pintado con técnicas de Pollock. Y lo cierto es que los resultados eran espectaculares. La tarea le absorbía de tal manera que hasta por la calle andaba con su bata y los zapatos llenos de lamparones de pintura. Firmaron un contrato en exclusiva con una papelera de Valladolid, les entregaron la producción de medio año... y la papelera dio suspensión de pagos y se llevó por delante el capital de Titilabus y el interés de los afectados.
Y podría contar muchas más aventuras del mismo calibre, pero las reservo para mejor ocasión. Sabiendo que no podéis esperar más para conocer su obra de primera mano, aquí os dejo un breve relato que ha escrito expresamente para los lectores de esta página. Que lo disfrutéis.

Una mosquita muerta

por Álvaro Valderas


El presentador de televisión más popular, con un telescopio doméstico, no tan simple como un juguete ni tan sofisticado como una herramienta profesional, había descubierto un nuevo planeta. Se quedó sorprendido. Volvió a mirar por el canuto, con mayor detenimiento aún, persiguiendo la posible falla, sólo para constatar que ahí estaba, sin discusión. Entonces tomó el teléfono y se lo contó, con voz apresurada y plagada de matices, a un amigo importante que entendía de aquellas materias, le dio las coordenadas, superó sus dudas, respondió acertadamente a sus inevitables objeciones. Como en la aldea global no existen palabritas al oído ni comunicaciones privadas, la conversación fue grabada y remitida a un centro de seguimiento. En pocos minutos, cientos de personas estaban enteradas, y terriblemente escandalizadas: No se trataba ahora de un científico oscuro y perdido en la nómina de esos grandes observatorios que a nadie interesan, ni el término empleado había sido “planetoide” o cualquier otro vocablo difuso que permitiese la menor duda al respecto de su naturaleza como cuerpo celeste, o a su tamaño. Cierto que en periódicos locales durante años se han venido publicando artículos que cuestionan la constitución admitida del Sistema Solar, pero nadie lee esas columnas segundonas y, aunque así fuera, tampoco creerían a pie juntillas las noticias de la prensa, especialmente en un tema tan amarillista. Pero el conductor de un programa concurso con el máximo nivel de audiencia mundial, hablando claramente y sin tapujos de un nuevo planeta, se convertía en materia de fe. A más de uno se le revolvieron las entrañas, y su teléfono no dejó de sonar. Videntes y astrólogos, principalmente, a quienes el horóscopo se les venía encima, y sus predicciones se encontraban de repente sin la más mínima base, y para quienes el futuro comenzaba –por primera vez en la vida- a ser incierto. Estudiosos también, aunque pocos, y prudentes, defendiendo su cátedra universitaria desde el “se aprende algo nuevo cada día”. Extramuros, el presidente de la nación más poderosa de la Tierra llamó al de los Estados Unidos, le rogó, le previno, no quisiera yo decir que le ordenara, pese al tono. Al colgar, éste había empalidecido, como en los momentos de crisis. Se decidió por la opción más comprobada, pero la geografía no era su fuerte y a su asesor no se le ocurría qué país bombardear. De pronto, su cerebro se iluminó con la luz de una revelación, le había venido fresco el recuerdo de aquella nana tan regañona que entorpeció la mitad al menos de sus fechorías de infancia.
—Lo siento, señor, pero bajo ningún concepto es el momento apropiado para atacar China.

Al final de una jornada intensísima y excesivamente larga para sus viejos huesos adoloridos, el presentador tomó partido. Había escuchado las súplicas y los argumentos de amigos y desconocidos muy recomendados, había sopesado el beneficio mayor de la Humanidad contra el suyo propio como descubridor notable y, por fin, se había visto en la necesidad filantrópica de condescender.
Bordeó su telescopio culpable, con la esquina inferior de la camisa limpió bien la lente, regresó al visor y apuntó hacia los apartamentos de enfrente, donde a esas horas siempre había alguna vecina cambiándose.
—Sería una mosquita muerta, pegada al cristal.

14 comentarios:

Una mujer desesperada dijo...

como no conozco a álvaro valderas, te agradezco que nos lo presentes! intentaré hacerme con bloody mary, ya que el relato me ha encantado. bicos.

rakel dijo...

ola! queda patente que álvaro valderas es especial, y para ti aún más. león ha dado a luz grandes talentos, brindaremos por todos vosotros, con uno de esos bloody mary -me apunto al plan de la gallega-.

Gentiana dijo...

Precioso artículo y muy bien escrito. Te he dado un 5. Vaya cantera tenemos en León y aledaños, ¿eh? Lo que ya resulta más triste es ver que no reciben la fama que se merecen, aunque quizá mayor ilusión aún les haga tener tan buenos amigos como tú.

Javier Menéndez Llamazares dijo...

Gracias por los comentarios. Me alegro de que os haya interesado el trabajo de Álvaro; creo que merecería mejor fortuna. Por desgracia, el libro de Bloody Mary no lo vais a encontrar porque está agotado y el editor (que fui yo, cuando regentaba "Ediciones del Curueño") no tiene prevista ninguna reimpresión. A ver si hay suerte y publica algo nuevo.

Anónimo dijo...

Pues a mí, qué quieres que te diga, me parece flojo, ramplón, mal escrito. Espero que el catalejo no sea además un símbolo fálico. Y lo de mejor escritor vivo será de coña, o es que los demás escritores están muertos. Ha habido un genocidio de escritores en los últimos tiempos. El libro ese de las vampiresas suena a Baudelaire suburbano, atiborrado de pastillas. No dudo de que sea bueno persona, incluso divertido. No tengo el gusto. En el ditirambo, se te ha ido un pelín la mano.

Javier Menéndez Llamazares dijo...

Estimado Anónimo,
pues qué quieres que te diga; a mí Álvaro me parece un genio, pero tengo que quitarme el sombrero cuando alguien, antes de sacar la escopeta, empieza diciendo: "a mí ... me parece".
Aún así, creo que juego con ventaja: yo he leído casi toda la obra de Álvaro, que no puede resumirse en un microrrelato, y que por motivos obvios no va a publicarse aquí. Y estoy convencido de que, si tuvieras la oportunidad de leerla, acabarías compartiendo mi opinión.
De todos modos, gracias por participar. Y, por qué no, gracias también por discrepar.

Neres dijo...

pues a mi si me gustó, igual y para eso hay muchos escritores, cada quien lee lo que quiere leerse o, lo que quiere que le digan.

un saludo para ti, y otro para tu cuate.

Bettina Perroni dijo...

Coincido con los comentarios... gracias por presentarlo y, después de esos comentarios sobre su trabajo, me daré la tarea de conocer su obra en un futuro no muy lejano.


* Mi mesita de noche no resiste más, muchos libros que leer... termino uno y ya está el otro. Soy suertuda! ;)

Javier Pérez dijo...

Yo este Álvaro que nos presentas lo encuentro un poco descafeinado. Será porque me acistumbré al Álvaro bestiajo y con el cuchillo entre lso dientes de los viejos tiempos, peor la verdad es que como satírico gana mucho.

Cuando le sale el hilo con fibra sentimental sigue siendo buen escritor, pero me suena unpoco a Miliki haciendo de hanibal Lecter. O al revés.

Que no me lo creo tanto, vaya.

Alberto dijo...

El otro día iba a leer esta entrada, pero estaba algo liado y con la cabeza un tanto abotargada, así que he esperado a tener algo más de tiempo, y la verdad, ha merecido la pena la lectura de este pequeño relato. Intentaré conseguir algo más de Alvaro, que muchas veces esos escritorers que desconocemos son, por desgracia, y digo por desgracia porque son eso, desconocidos, los que nos aportan algo nuevo a nuestro pequeño mundo literario. A ver si esta semana puedo pasarme por el fnac o la casa del libro y echo un vistazo.

Un saludo

Rebeca dijo...

mi historia es un poco paradógica; soy del mismo pueblo que Alvaro Valderas y no solo he tenido la gran suerte de poder leer Bloody Mary, sino que tambien puedo gozar del placer que supone el verlo entre las baldas de mi estanteria todos los dias. Sin embargo apenas se nada de él, y por más que me empeño en encontrar mas relatos suyos soy incapaz. Es uno de mis escritores favoritos, y por eso pido ayuda a quien pueda dármela; si alguien sabe cómo o dónde puedo conseguir algo suyo le agradeceria mucho me me dejase un mensaje o algo.

Javier Menéndez Llamazares dijo...

Hola Rebeca,
deduzco por tu comentario que eres de La Bañeza —que es uno de mis lugares favoritos del mundo—. Para leer a Álvaro, mientras no encuentre un nuevo editor, o bien recopilas los cientos de relatos que tiene en revistas y fancines de todo el mundo, o pides en alguna librería de León el "Libro de Cruentos" que le publicó el Instituto Leonés de Cultura —en 1993, creo—. Puede que lo tenga también Ángel, el de la "Nueva Librería", en La Bañeza frente al cuartel de la Guardia Civil.
También podríamos animar a Álvaro a que hiciera un blog; seguro que sería una idea estupenda, y material debe de tener como para llenar dos o tres internetes.
Gracias por la visita, un saludo.

Anónimo dijo...

El tipo que dijo (el anónimo cobarde) que Álvaro Valderas no sabe escribir y que el tema de las vampiresas le “Baudelaire suburbano”. Le digo que primero que vuelva al primer grado o mejor a Kindergarden pues sí él no sabe escribir, qué podré decir yo de ti pobre ignorante de las letras, quisiera verte sentado con él 10 minutos para ver sí seguirás pensando igual. Vi su libro en New York (donde vivo) y para ser franco allá no venden cualquier cosa, por eso es New York. Lo segundo es que el tiempo siempre dará la razón, mira el éxito que tienen los temas de vampiros, claro, un tipo como tú que no tiene visión no se le podrá reprochar nada, mala visión en ambos sentidos, porque no sabes leer y porque no sabes ver al futuro. Gracias a Dios que no eres editor y como crítico ni hablar. El libro es bueno y lo recomiendo, por cierto, fue un lio poder conseguirlo, cuando lo regrese a la biblioteca, lo busque para una amiga y no pude conseguirlo, es que está de mano en mano. A ver si el brillante Cervantes anónimo tiene una libro así. Paul Webster

Javier Menéndez Llamazares dijo...

Paul, envíame tu dirección postal en un correo electrónico y veremos qué se puede hacer con ese libro inencontrable...