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miércoles, 23 de mayo de 2007

Más sobre ratones aficionados a la lectura

Parece que los roedores literarios la hayan tomado conmigo. Tan tranquilo estaba, corrigiendo un texto, cuando me topo con este pasaje:

Hallábame ya en la frontera misma: con sólo dar un paso me encontraría fuera de España. ¿Iba a ser por mucho tiempo?
Pensé en mis libros más queridos: Argensola, Alarcón, Rioja, Víctor Hugo, Musset... ¿volvería a verlos como los dejaba?
Durante una larga ausencia había tenido ocasión de observar que a los ratones les gustaban los buenos versos. Desde entonces nunca abandoné mis libros sin tomar ciertas precauciones que en mí se hicieron habituales. Colocaba los buenos a cierta altura y debajo los malos. Esta maniobra que, según mi costumbre, había puesto en práctica a mi salida de Madrid, me tranquilizaba un poco. Mis poetas favoritos habían quedado arriba y abajo había prosa de Cañete y versos de Cánovas para que los ratones se entretuvieran.

Eugenio García Lavedese
"Memorias de un conspirador republicano"


Como dijo el gran Groucho: "hay ratoncitos muy desarrollados". Y muchas formas de hacer crítica literaria con sorna y recochineo, como aquella hoguera que se hiciera en aquel pueblo manchego de cuyo nombre es tan difícil acordarse.

1 comentario:

elperdedor dijo...

Amigo LLamazares, el escrutinio, como la piedad, empieza por uno mismo. Lo raro es pararse en estas cosas cuando uno anda con la muerte en los talones. Supongo que, contra las evidencias legislativas de la memoria histórica,las riadas de exiliados también arrastraban estos fangos.

Saludos.