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viernes, 18 de enero de 2008

La trampa de Las Caldas



Cuenta un viejo chascarrillo montañés que los frailes de Las Caldas de Besaya, al llegar la cuaresma, se acercaban al manantial de "aquas calidas" y unos se ponían en la cabecera y otros unos metros aguas abajo. Entonces los que estaban en el nacimiento del cauce echaban al agua un chon, y avisaban a voces a los cofrades apostados un poco más allá:

—¡Péscalo, péscalo! ¡Péscalo!

Y así, con ese sencillo ejercicio, conseguían los sufridos dominicos mantener la estricta observancia de la abstinencia carnal, y pasaban la vigilia comiendo pescado. Rigurosamente pescado.

6 comentarios:

Mariano Zurdo dijo...

Jajajajajajaja, desde luego que el que no corre vuela (en este caso nada). Hecha la ley...
Gracias por arrancarme una sonrisa mañanera.
Besitos/azos.

Iván dijo...

Pesacado con sabor a jamón...
:D

Jovekovic dijo...

Es lo que tiene ser de los que deciden que es pecado, y que no.

Luis López-Cortés dijo...

Seguro que esos frailes de Las Caldas también pescan buenas cogorzas en su abstinencia :-)))))
Saluditos del Niño Jesús.

Luis López-Cortés dijo...

Seguro que esos frailes de Las Caldas también pescan buenas cogorzas en su abstinencia :-)))))
Saluditos del Niño Jesús.

Ñoco Le Bolo dijo...

Doy por hecho que también tiraban más animalitos. Claro, el chon era el preferido... por aprovechar su conversación.