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viernes, 18 de enero de 2008

¿Mala idea o mala praxis?

Quien alguna vez ha hecho entrevistas —y también los habituados a leerlas— sabe perfectamente cómo y en qué medida ciertos detalles pueden influir sobre la imagen pública del entrevistado. Cuando las entrevistas son en directo, como en la radio o en la televisión, se dice que el entrevistador le da "cuerda" al entrevistado, para que se "ahorque" él solito. Y es que no es tan sencillo como parece lo de salir airoso de tales trances. Especialmente, si el periodista se empeña.
Por escrito, ya es otra cosa; se puede pensar mejor la pregunta, matizar la respuesta, volver más tarde a ella si se nos ha quedado —o colado— algo… Y luego está la pequeña cortesía del redactor, que cuando transcribe el discurso a texto suele omitir el "ruido": las pausas innecesarias, las muletillas, los "eeeeeh", los "aaaaaaah" y los "mmmmmm" que se escapan en los momentos de duda, las frases inacabadas o las palabras que omitimos por descuido.
A ningún transcriptor mínimamente serio se le ocurriría, por ejemplo, publicar en las respuestas del entrevistado la pronunciación literal del «para», que últimamente es «pa'» hasta en las mejores familias, o la terminación «-ao» en lugar del normativo «-ado».
Más allá de la cortesía, el diario El País —cuanto todavía era "El Pais"— lo recogía en su Manual de Estilo:

SECCIÓN 6: Entrevistas

1.35. Los defectos de dicción o de construcción idiomática de un entrevistado —por tartamudez, por ser extranjero o causa similar— no deben ser reproducidos. Sólo cabe hacerlo en circunstancias muy excepcionales, más que nada como nota de color, pero siempre que no se ponga en ridículo a esa persona. En todo caso, se preferirá hacer mención de este defecto en la entradilla que ha de preceder a toda entrevista, de la manera más breve y respetuosa posible, a la reiterada insistencia en esa falta.

Y es que no hay necesidad de resaltar los defectos de nadie, que para eso ya suelen bastarse uno mismo. Si el entrevistado no tiene muchas luces o es un tipo colérico, seguro que se traslucirá de sus respuestas, sin necesidad de añadir más leña al fuego afeando su gramática. Aparte de que NADIE está libre de deslizar un error de vez en cuando. Ni mucho menos los periodistas.

Hoy leía una entrevista en la prensa —el furor racinguista de estos días me lleva a la sección de deportes— cuando topé con esta lindeza:


Por si no se lee bien: la periodista Julia del Mar pregunta al entrenador del Racing:

Que unas gradas llenas de El Sardinero corearan tu nombre te emocionaría...
Si claro que me emocionó, como a cualquier persona humana le hubiera emocionado

No estoy seguro de la formación que tendrá el entrenador del Racing, y la verdad es que tampoco me importa demasiado. Lo que sí puedo decir es que se expresa con una corrección, una exactitud y una sintaxis que ya querrían para sí muchos redactores de prensa.

Item más: de lo que estoy casi seguro es de que la entrevistadora sí que tendrá una sólida formación, con título de periodismo incluido. Formación que debería servirle para reconocer un pleonasmo y tener el detalle —baratísimo, no cuesta nada— de, si al hombre se le escapado, recortarle el "humana" y dejarlo en "persona" —que normalmente suelen ya ser "humanas", por lo general—.

Y no vamos a empezar a discutir sobre si hay personas humanas o no, lo mismo que físicas y jurídicas: poner en boca de alguien tal palabro equivale a ponerle encima la etiqueta de «ignorante», y no es de recibo. Lo que me gustaría saber es si la puñalada ha sido a mala idea —un «déjalo ahí, que se joda el muy pringao»— o simplemente ha sido porque la periodista pensó que eso sería de que sí. País...

9 comentarios:

Mariano Zurdo dijo...

Sea mala idea o mala praxis, la realidad es que se le lee y se ve cada cosa que es para preocuparse. Yo que tengo el vicio automático de corregir faltas de ortografía/erratas/fallos de maquetación etc, me paso más tiempo parado en ellos que leyendo las noticias.
Ains. País... (desde luego).

Estilografic.blog dijo...

Espera, que me desdoblo para comentarte:

Como lingüista (aunque con la práctica muy olvidada, que hace mucho que no ejerzo), te diría que sí, que es una pena que los medios de comunicación le presten tan escasa atención al correcto uso del lenguaje.

Como periodista te diría que bueno, que es cierto que hay que tener mucho cuidado con el lenguaje, pero que también es cierto que mientras que una obra literaria se cuece a fuego lento, un periódico es que ya te está quemando en las manos al mismo tiempo que lo estás haciendo, y eso te lleva a cometer errores que no cometerías si no tuvieras que trabajar con tanta prisa, con un redactor jefe pisándote el cuello para que termines de una puñetera vez la crónica, que hay que cerrar la página ya mismo.

Aun así, y buscando el término medio, estoy de acuerdo en que lo que distingue a un buen periódico de otro mediocre es, entre otras cosas, que el bueno debería contar con, primero, periodistas que sepan escribir bien y, segundo, con filtros suficientes en la etapa de edición como para que los posibles errores queden corregidos incluso en tiempo record, si hiciera falta.

Desesperada dijo...

yo iría más allá: ¿por qué estás tan seguro de que la periodista sabe que es incorrecto? jejejeje

Iván dijo...

Sinceramente creo que se debe transcribir las palabras exactas del entrevistado. Las carraspeos y dubitaciones no haría falta más que nada para que el texto no perdiera fluidez. Pero llegar a retocar una expresión, por absurda que sea... Se podría acusar al periodista de tergiversar la entrevista. Quizá sea exagerado pero, ¿cómo decide que expresiones debe suprimir y cuales no? Al fin y al cabo nuestra forma de expresarnos forma parte de nuestra esencia. ¿No habría que captarla en su totalidad?
Una persona humana que se despide.
Un saludo!

Jovekovic dijo...

El deterioro del lenguaje no sólo se da entre los periodistas, y la culpa no sólo la tiene la LOGSE. España no lee y se nota mucho; cada vez más.

elita dijo...

Como correctora frases como ésta me ponen los pelos de punta. España ni lee ni se preocupa por lo que ello significa. Hay que ver...

Antonio Toribios dijo...

Pues yo estoy con Iván. Todos sabemos que hay personas del todo "inhumanas", ¿o no? Pues eso.

Carlos Añejo dijo...

Bueno, si tomamos la definición que Santo Tomás hace de persona (individuo de naturaleza racional) nos encontramos con que no todos los seres humanos son personas.

Pero como no vamos a empezar a discutir sobre si hay personas humanas o no tan sólo diré que yo mismo, hoy, no soy persona.

Ni humano tampoco.

Soy un geranio colgado en un balcón.

Julián dijo...

Esto me recuerda a la Almeida, que desde luego era no sólo una "persona humana" con una supuestamente sólida formación, sino también una persona con una "gran humanidad". Aunque cuando me acuerdo a ella la imagen que me viene a la mente es su personaje del guiñol, en función de Sancho Panza acompañando a Julio Don Quijote (persiguiendo "anacolutos").