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miércoles, 9 de enero de 2008

Tecnología realmente útil

Vamos a ver, en el fondo, ¿para qué sirve tanto progreso, eh? Mucha tecnología aeroespacial, mucho nanoinvento y mucha cibermandanga, pero lo realmente importante es en qué puede mejorar realmente nuestra vida. Yo —impenitente fan de todos los gadgets— no lo entendía, pero esta mañana un pequeño episodio familiar me lo ha aclarado por completo.
Resulta que andaba yo como cada mañana con la rutina inevitable: minutos más de despertador, cepillo de dientes, espuma de afeitar, cuchilla, champú, gel, albornoz, encender el microondas, desodorante, afterseiv, espuma para el pelo, ropa de calle, leche desnatada y galletas (hoy tocaban marías integrales, y eso quiere decir que hoy había suerte), zapatos, cazadora, llaves, ipod, correa del perro, abrir la puerta y... justo en ese momento cazo al vuelo una conversación madre-hijo, que al parecer se habían despertado un poquito antes.
—Pues te pongas como te pongas tienes que ir al colegio —insistía Pilar, harta de una conversación que se repite hasta la extenuación.
—Pues no me da la gana; ¿por qué tengo que ir? —se defendía Javierín, sin muchas probabilidades de éxito.
—Porque lo manda la ley, ¿no lo sabías? —le atajó su madre, con un argumento inapelable.
—¿Ah, sí? —frenó el pequeño en seco—. Pues que sepas que pienso construir un robot para que vaya al cole por mí.
Yo ya pude quedarme más, porque a mí la ley me ha distinguido también con varias obligaciones ineludibles; la primera de ellas, sacar al perro de casa antes de que ponga perdida la alfombra.
El caso es que luego, de paseo por el parque de Valdenoja, le iba dando vueltas a lo que había dicho mi hijo, eso de hacer un robot que se coma los marrones por ti. Anda que no se las ingenia bien el condenado, lo tiene todo bien calculado. Porque yo, por ejemplo, hoy podría haberme quedado tranquilamente en el catre hasta las once, luego haber desayunado a la inglesa y después me habría escrito un artículo mordaz o medio cuento antológico, o bien me habría rascado a conciencia algunos rincones anatómicos, que tampoco es mala actividad. Y el, mientras tanto, habría sacado al perro en mi lugar, se la habría jugado entre los amabilísimos y generosos conductores santanderinos, y se habría chupado la mañanita funcionarial que me espera.
Total, que está decidido: esta misma tarde voy a hablar con mi hijo, y de paso que fabrica un robot para él, le voy a pedir que haga otro para mí, para que vaya a la oficina y aguante por mí todo lo inaguantable. Y, ojo, que a mí no se me caen los anillos, ¿eh? Si hace falta apretar algún tornillo, pues se aprieta. ¡Estaría bueno!

19 comentarios:

elperdedor dijo...

Ya, no está mal eso de crear un robot que se coma los marrones, pero ya me dirás qué marrones le haces comer a esa belleza metalizada y bien torneada que has puesto en el blog. Sorayama ha pintado unas cuantas como esa que parecen cualquier cosa menos frío metal.

Un saludo, y que tengas un buen año, amigo Javi

Mariano Zurdo dijo...

Pero mira que eres antiguo, Javierín padre... Yo ya llevo meses haciendo uso de un robot zurdo que me escribe hasta las entradas del blog. De hecho ahora te comento tumbadito en mi cama y saboreando un café solo.
Esta mañana me ha llamado mi jefa para decirme que están encantados con el robot zurdo, que es un magnífico técnico en diptongos e hiatos y que no vuelva, que yo a lo mío.
Joder, y me he mosqueado y todo...
Besitos/azos.

Estilografic.blog dijo...

¡Un becario! Tú lo que necesitas es un becario. Y tu hijo otro, faltaría más. ¡Qué robot ni qué robot!

Carlos Añejo dijo...

¡Qué robot ni qué robot, qué becario ni qué becario!... Tú lo que necesitas es un nativo.

hombredebarro dijo...

¿Y por qué el robot no se dedica a escribir los artículos mordaces y tú a sacar el perro?
Sin acritud.
Un saludo.

Javier Menéndez Llamazares dijo...

Hombre, porque lo malo no es sacar el perro, lo malo es cumplir las ordenanzas municipales, esas que nos hacen ir siempre con una bolsita en la mano.
Aunque, bien mirado, igual con al robot le salían mejores artículos. O por lo menos con más regularidad.

Javier Menéndez Llamazares dijo...

Amigo Perdedor, veo que tú no te detienes en las cáscaras y que has apreciado a la primera que el verdadero interés del artículo no estaba ni en el fondo ni en la forma, sino exactamente en la ilustración... Ay, madre, será frío metal, pero qué metal, ¿verdad?
Un abrazo, amigo.

Marianín, colega, dile a tu jefa que el robot, si lo quiere, que se lo quede, pero que la nómina te la siga ingresando en tu cuenta, ¿vale? No vayamos a tener un disgusto.

Estili, tú sí que sabes... lo que pasa es que eso de la becaria se lo planteamos a la superioridad y nos dijo que, como mucho, con bigote. Y entonces se nos fueron un poco las ganas, la verdad.

Querido naúfrago: nativo vale, pero nativo ¿de dónde? Y además tendrá que ser bilingüe, claro. A ver si luego sólo habla nativo...
Por cierto, me gusta mucho la versión "reflotada" de tu blog; aunque, desde luego, sólo a ti se te ocurre naufragar dos veces.
Un abrazo.

vitruvia dijo...

Pues yo quiero una robota que me sustituya cuando, en terribles mañanas como la de hoy, mi enena imita a tu Javierin y se niega a ir al cole, y hay que hacerla entrar en razones que no se pueden entender con cuatro años. Ainsss

Noe dijo...

jo! pues sinceramente a mi me encantaría, que se pudiese crear uno pero como el de la peli Inteligencia artificial, la verdad es que en ocasiones puede suplir, algún que otro sentimiento, pero creo que a la larga nos afectaría mucho.
Aunque mientras afecta y no, la verdad es que una ayudita no vendría nada mal

dondado dijo...

Yo me apunto pero quiero dos, uno laboral y otro doméstico. quedarme en casa para planchar no me va

Desesperada dijo...

yo quiero un robot para aguantar a los gilipollas, un robot que sonría siempre y sea encantadora jejejejeje

Gaetana Rojas dijo...

La verdad es que creo que tu hijo tiene toda la razón, a veces es insoportable la escuela, sin embargo hay cosas menos tecnológicas para no asistir y las cuales puedes encontrar en cualquier papelería. Te invito a que vayas a link y descubras de que se trata, jajaja espero que tu hijo no entré a tu blog.

http://www.eluniversal.com.mx/estados/67211.html

iamsogreat dijo...

A lo mejor estuvo viendo Mis dobles, mi mujer y yo. Lo digo porque ayer una profesora nos vino con el mismo cuento de que quería tener un robot o un clon para que viniera a clase por ella (y eso que a nuestra edad uno ya no da la lata tanto y somos estudiantes formalinos...), y se le ocurrió al ver esa película el fin de semana.

Yo robots no quiero, que lo mismo aprenden rápido :-S

Kpax dijo...

Mi propósito, algo más tangible, poder tener un colegio nuevo en mi pueblo, para ello los vecinos de Renedo de Piélagos, nos vamos a manifestar el próximo Sábado dia 12de enero en Renedo, a las 11 de la mañana, el motivo, llevamos mas de 6 años solicitando un colegio infantil, no hay plazas en el colegio Virgen de Valencia, donde debe haber 150 niños hay 350, y durante este tiempo, tanto el Ayuntamiento de Pielagos como el Gobierno Regional han sido incapaces de encontrar una ubicacion adecuada para llevar a cabo el proyecto, hay que procurar preparar bien a nuestra gente menuda y asi evitar ser tan ineptos como nuestros políticos.
Asi que cualquier ayuda es buena....
saludos

mreina dijo...

Tu hijo tiene toda la razón, llevo años soñando con un robot domestico, conductor, escritor....los niños son visionarios ¡me encanta¡

Iván dijo...

Si es que la verdadera inteligencia la poseen los niños. Pero hay otro problema: ¿qué pasará cuando el robot se canse de comerse los marrones y se invente otro robot? ¿Hasta cuantos robots se podrían delegar las obligaciones? Yo estoy por hacer cada uno sus cosas. Al fin y al cabo si no hubiera obligaciones disfrutaríamos mucho menos los placeres de la vida.
Hoy me he levantado filósofo. Es lo que tiene la gripe.
Un abrazo!

Jorge dijo...

¿Soñaría tu robot con ovejas? ¿Se revelaría contra su amo?
Un saludo.

La Chirvi dijo...

Me pido uno también, chocho. Tengo una copia de la visa de mi padre, instrumento con el que vivo, todo sea dicho, así que dime cuánto quieres sin cortarte.

Javier Pérez dijo...

Por fin un artículo que hace honor al nombre del blog

:-))))

saluuuuuuuud