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miércoles, 17 de octubre de 2007

Por qué hay tantos libros y películas sobre la guerra civil



Recuerdo con viveza cómo me impactó la lectura del "Manifiesto de pintores futuristas", un texto colectivo —aunque no sé si, en realidad, era de Marinetti— publicado en 1910. Los asuntos pictóricos, artísticos y vanguardísticos no recuerdo lo que me parecieron, pero había una mención a un asunto que sí que me dejó atónito. Transcribo literalmente:

NOSOTROS COMBATIMOS

[···]

4. El desnudo en pintura, tan nauseabundo y antipático como el adulterio en literatura.

Expliquemos este último punto. No hay nada inmoral a nuestros ojos; es la monotonía del desnudo la que combatimos. Se nos dice que el asunto es lo menos y que el todo está en la manera de tratarle. De acuerdo. Nosotros lo admitimos también. Pero esta verdad, indiscutible hace cincuenta años, no lo es hoy, en cuanto al desnudo, desde el momento en que los pintores, obsesionados por la necesidad de exhibir el cuerpo de sus queridas, han transformado los salones en mercados de jamones podridos.

Nosotros pedimos que, durante diez años, se suprima totalmente el desnudo en pintura.


De lo del adulterio hablaremos otro día, porque lo que a mí me llamó la atención entonces fue el asunto de los desnudos. La verdad es que entonces tenía doce o trece años, y los motivos tan razonables de estos artistas me importaban bastante poco. ¿Prohibir los desnudos? ¿Estaban locos?

Pero supongo que, en realidad, tenían cierta razón. Dejando de lado lo que la cosa tiene de "boutade", el afán de notoriedad y el divertido pasatiempo de "épater le bourgeois" —o como se diga—, sí que es cierto que la explotación de determinados temas en el arte suele saturar al espectador hasta el límite del aburrimiento.

Y algo así sucede en España con la Guerra Civil. Tanto se ha estirado el tema, tantas películas, novelas, biografías, historias, memoria y demás producción cultural ha generado, que ya hasta los propios autores hacen chanzas del asunto: "Otra maldita novela sobre la guerra civil", se titula la última novela de Isaac Rosa.
Pero es que, a poca memoria que hagamos, enseguida nos daremos cuenta de que la guerra del 36 es un tema omnipresente en la literatura y el cine del siglo XX y el XXI. Así, a bote pronto, me salen "Ay, Carmela", "La Vaquilla", "Tierra y Libertad", "Las vacaciones son para el verano", y podría seguir así durante una semana. Y eso, sin contar la producción de postguerra: "Raza", "Madrid de corte a Checa", "Los cipreses creen en Dios", etc.

¿No nos haría falta, como a los futuristas, una moratoria para el tema de la guerra? Porque a veces da la impresión de que el cine español se quedaría en nada si le quitáramos la contienda y las tetas.

Lo más curioso, sin embargo, es que a los españoles de mi generación nos interesa el tema. No sólo no se agota, sino que lo abordan autores jóvenes, y está más vigente que nunca. ¿Por qué?
En mi opinión, no es por la guerra. No tiene nada que ver ni con las dos Españas, ni con el resentimiento político, ni con nada de eso. Es por el idealismo.

El interés de la Guerra Civil no está en la contienda en sí, sino en la II República. La guerra no fue más que el último episodio de una historia apasionante: el gran intento de los españoles de cambiar el mundo. Con razón o sin ella, por medios legítimos o ilegítimos, aquellos ciudadanos que soñaban despiertos han sido quizá los únicos compatriotas que llegaron a palpar la utopía, que supieron cómo son por dentro los sueños. Y no me refiero ni a los anarquistas, ni a los comunistas, sino a todos, porque incluso las derechas de la época —especialmente los contados falangistas de entonces— eran auténticos idealistas.
Luego vendría la crueldad, la violencia, la venganza —es decir: la triste realidad— y acabaría con los sueños y las esperanzas. Y, al final, como siempre, se impone la ley del más fuerte.

Y nosotros, tristes mileuristas del siglo XXI, no podemos sentir más que fascinación por aquellos idealistas que pretendían cambiar el mundo.

6 comentarios:

Richard dijo...

Interesante brecha la que has abierto. No se me había ocurrido nunca ver la Guerra Civil Española como una especie de Revolución Francesa...
Algo de ello hay en la España actual de Zapatero... quizá por falta de Método se quedó en nada y en sangre.
Es que aquí, no necesitamos innovar para eliminar al contrario, con el paseíllo vale.
Por lo demás completamente de acuerdo con tu visión del cine español.

Un saludo. Richard.

Nadie dijo...

Quiso la casualidad que yo, en El Salvador, también me llamara Javier y que tuviera un blog que se llama Ser Nadie.
Lo invito a visitarme.
Que esté muy bien.

Mariano dijo...

Es probable que la añoranza sea una de las razones. Pero yo no hablaría de utopía, o al menos no sólo de utopía, ya que se cercenaron también muchas realidades.
Yo de lo que estoy harto es de las novelas sobre el Madrid de la pre-movida, del ambiente cultural madrileño en los últimos estertores de Franco y de la transición. Lo escriben como churros y siempre con los mismos estereotipos. Estoy leyendo "El cielo de Madrid" de Julio Llamazares y tengo la impresión de haberla leído varias veces.
Besitos/azos.

Bettina Perroni dijo...

Quizas sea porque en el transfondo se nos hacen temas apasionantes.

Un saludote :)

Desesperada dijo...

el último párrafo me ha encantado, es justo lo que pienso. fueron unos soñadores. me hubiese gustado saber si hubiesen alcanzado esos sueños si les hubiesen dejado

Juli dijo...

Las vacaciones están bien todo el año, ahora las bicicletas suelen venir mejor en verano, sobre todo en el norte y la meseta...
De "Tierra y libertad" mejor nos olvidamos, menudo panfleto, es como "Raza" pero en trotsko. Pobre Lev Davidovich, vaya seguidores ha tenido.