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sábado, 22 de marzo de 2008

El reparto del pastel


Tanta sexta potencia mundial y tanto triunfalismo; tanta globalización y sociedad de la información; tanta promesa electoral y tanto papel couché; tanto progresismo y tanta caridad; tanta corrección política y tanta discriminación positiva; tanta macroeconomía y tanto cuento y, al final, resulta que una mañana cualquiera cierras el periódico, apagas la tele y la radio y te desconectas de internet, y nada más salir de casa te das de bruces con la cruda realidad. Realidad en forma de indigencia, como la que me ha golpeado esta mañana. Una tímida llovizna complementaba al frío riguroso de León cuando saqué al perro a pasear; cruzamos la zona nueva de La Palomera, con sus elegantes edificios de pisos a cuarenta millones, sus columpios nuevos, su zona deportiva y su generoso parque. Hasta que me fijé en que por el césped pululaba un hombre, o lo que quedaba de él, afanándose por recoger del suelo cualquier objeto que pudiera resultarle útil antes de que llegaran los barrenderos.

Imagino que el botín del pobre hombre, con el que llenó su bolsa de supermercado, no eran más que los restos de un pequeño botellón. Desperdicios para nosotros, y un tesoro para él.

Dice mi amiga Gema, que es asistente social y conoce de primera mano el paño, que no nos gusta ver la realidad, que preferimos no saber determinadas cosas. Y tiene tanta razón...

Mucho hombre en la Luna, mucha alianza de civiliazaciones, mucho himno, mucho tanque, mucha guerra del petróleo, y ahí sigue la pobreza, en cualquier calle, en el mismo parque en el que luego vamos con nuestros hijos a jugar al balón y a disfrutar de la vida. Porca miseria.

17 comentarios:

Iván dijo...

Cuanta razón. En el fondo todos somos ciegos cuando no queremos ver aquello que nos conmueve. Corremos el peligro de sentirnos mal y ya se sabe que somos egoístas por naturaleza.

Jovekovic dijo...

Así es. No hace falta que añada una nota más de indignación,o hace falta nada más, excepto que todo el mundo lea esta entrada.

Desesperada dijo...

comparto toda la indignación que destila esta entrada. creo, además, que sentirla es necesario para ser una buena persona, como tú.

JP dijo...

Quizá deberíamos también hacer un ejercicio de ver nuestra realidad hacia adentro, aún puede ser más duro autoanalizarse y ver cómo podriamos hacer más para cambiar el mundo exterior.

Pilar dijo...

Interesante reflexión que comparto.
El tema de la pobreza es complicado, debería ser analizado concienzudamente puesto que tiene en sus orígenes múltiples causas. Una vez hecho esto, lo cual supondría un verdadero intento de "acabar" con ella, habría de producirse un cambio radical en política económica y social, que me temo no va a llevarse a cabo.
Un saludo.

Da Gurl dijo...

Pues si, tu amiga Gema tiene razon, preferimos no saber, no ver, no oir, es mas, aqui en mi pais a veces subimos los cristales del auto cuando se acerca un indigente a pedir o miramos al otro lado de la calle. Lo peor de todo no es que no queremos saber, es que hemos llegado a un punto en el que muchas veces no queremos hacer nada para ayudarlos tampoco.

Raquel dijo...

Así es. Vivimos en realidades en las que probablemente apenas si nos roza la pobreza pero sólo hay que darse una vuelta por determinados sitios.
Un abrazo

Iván O. dijo...

Precisamente es en lo que yo también he caído en cuenta desde que Madrid empezó a convertirse en capital europea de primer orden: el incremento de la mendicidad y de sin techo pululando por la ciudad. Antes se veían unos cuantos, únicamente por el centro de la ciudad. Ahora están por todas partes y en cualquier barrio, y su número ya es legión. Les ves en el metro, en el autobús o sobreviviendo por las calles.

mreina dijo...

Ante esta situación yo siempre me pregunto ¿yo que hago para ayudar?, me conozco y si no paso a la acción todo se me olvida.

Neurotransmisores dijo...

Es triste pero de este pastel unos comen mucho y otros nada.
Saludos

mgqseaml dijo...

Totalmente de acuerdo en que no queremos saber determinadas cosas. Es una verdad triste pero es una verdd. Besitos

cacho de pan dijo...

supongo que si te lee un sudamericano medio no lo podría creer: UN pobre!!!
hay que conocer rápidamente tu ciudad, antes que los millones que andan por allí se enteren de que tenéis mucho espacio...y pisos elegantes a 40 millones!!!de euros?
porque si son pesetas corro hacia allí ahora mismo?

elita dijo...

Una mierda como un piano, eso es lo que nos venden. Cada vez quedan menos corazones.

elita dijo...

Y perdón por la expresión.
Besos.

abuelonet..com dijo...

Es penoso ser esa persona rebuscando entre la suciedad, pero tambien es ponoso para el que lo está viendo, se sufre muchísimo al ver las necesidades de esas personas que no tienen ni para comer. Nosotros a veces nos quejamos de lo nuestro que lo tenemos casi todo y no sabemos comparar esas necesidades

Javier Pérez dijo...

Y cuando vemos la realidad todavía espeor.

¿O no sabemos todos qué pasa con estos y otros que se dicen víctimas?

Acuérdate de lo que hablamos sobre el albergue de transeúntes.

O sea que de todo hay en la cuba del señor.

Anónimo dijo...

Se dice trabajadora social y no asistenta social