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lunes, 24 de diciembre de 2007

La Schulze y el lado oscuro de la red

Sostiene mi amigo Javier Pérez —que además de un gran escritor es uno de los blogueros más activos de la red— que en Internet no hay sentido del humor. Y yo, que al principio no le creía, he terminado por darle la razón: lo que hay por ahí es muy mala leche.

Y el humor, si lo encuentras, es de la variedad absurda, como si el código de internet en vez de programadores lo hubiera escrito Ionesco.

¿Que de qué me río ahora? Pues de nada, la verdad. Resulta que acabo de recibir un curioso correo electrónico, este mismo:

Por lo que me imagino —que no por lo que se puede entender a partir del correo, que es más bien poco—, parece ser que a alguien que dice ser Sarah Schulze no le gustó demasiado la última entrada de mi blog.

Y yo, después de mucho reflexionar, me pregunto: ¿tan feo era el pobre koala? Porque el cabreo de quien me envía esta ciberamenaza es mayúsculo:

Hoy sin cerebro,

saca la mierda que estas escribiendo, sinverguenza, mirate en el espejo a tiu, pero claro se rompera.Entiendo tambien tu envidia porque claro no sos nada mas que uno de los pobres Espanyoles en busqueda de un cerebro que pueda funcionar.

O sea, que mi espejo se romperá si miro a un tíu en él, y eso porque soy un espanyol envidioso que escribe mierda. Pues vale.
No sé si me duele más que me llame rompeespejos o que me llame español. Fíjate tú que igual hasta me lo tomo a mal, y todo. Eso sí, ¿dónde se conseguirá un cerebro de esos que dice? Por no comprarlo allí, más que nada.
Al principio, creí que era una broma de la época, pero es que aún faltan cuatro días para los Inocentes, así que habrá que descartar esa hipótesis. Y, en realidad, tampoco creo que sea un mensaje real, porque la tal Sarah Schulze no creo que ande por el mundo persiguiendo a todo el que crea que ha escrito sobre ella.
Estas cosas, generalmente, suelen ser favores mal entendidos; favores que creen hacer los amigos, en defensa de quien consideran víctima, y que suelen tener resultados contraproducentes; porque lo único que hace es dar una imagen agresiva y violenta de la tal Sarah, que no sólo buscaría camorra virtual (y/o de la otra) y olvida el respeto hacia los demás que sí exige para sí misma, sino que además le dejaría en bragas respecto a una nula comprensión lectora —por no hablar del lamentable maltrato gramatical y ortográfico que hace del castellano—, porque ya hay que tener ganas para interpretar que en mi malévolo post se decía alguna "mierda" sobre la susodicha.
Lo más curioso del asunto es que entendería que se mosqueara el redactor del periódico, el que hizo la bromita de cambiar las fotos; a fin de cuentas, de eso iba el artículo: sobre una errata. Pero tengo entendido que, si me hubiera dado la gana, también podría haber hablado sobre la tal Sarah; "libertad de expresión", creo que lo llaman en España desde 1978.
Y además diré que, visto lo visto, preferiría que el correo electrónico me lo hubiera mandado el koala, que mola mucho más. Osea.

viernes, 21 de diciembre de 2007

Una errata de traca

Lo bueno de la prensa es que, de vez en cuando, sin esperarlo, se sacan de la manga alguna gracieta y te alegran la mañana.
Como hoy en el Montañés, que tienen el día cachondo y les da por marcarse este bacile, sobre una transexual alemana que ha tenido problemas laborales. Y es que se chotean pero bien; dicen:

La imagen anexa, de EFE, muestra a Sarah Schulze, transexual que ha sido indemnizada...


Y luego miras la imagen anexa, y te explicas no ya que a la tal Sarah le cueste conservar el trabajo, sino el cómo demonios consiguió pasar la selección de personal de la TÜV. Claro, que también habrá que ver al director de Recursos Humanos de la empresa...

Y ya hay que contenerse pero bien, en uno de esos episodios de autolesión, mordiéndose los labios y pellizcándose las manos, para no caer en la tentación de hacer chistecitos fáciles, sobre lo mucho que avanza la ciencia y las maravillas que hacen algunos veterinarios; que si a los koalas ahora también les da por living la vida loca; que si lo suyo, total, ya no tiene arreglo... en fin, que gracias a los chicos de la prensa, que tienen una chispa que "pa' qué".

ACTUALIZACIÓN: La tal Sarah Schulze, en realidad, parece ser que tiene este aspecto.

Relato publicado en el número 8 de la revista Narrativas



La revista Narrativas es una publicación electrónica dirigida por Magda Díaz y Morales y Carlos Manzano. Desde su primer número, en abril de 2006, no ha dejado de crecer, y entre sus selectas firmas figura nada menos que nuestra amiga Deses, del blog "Una mujer desesperada", que colaboró en el número 7 con el relato «La entrevista de trabajo».
En este número me han invitado a colaborar, y yo participo con el cuento «Amigos a la fuerza», que algunos ya conoceis. La revista podéis descargarla aquí.

miércoles, 5 de diciembre de 2007

Progreso [antipoema]

Tres mil y pico megaherzios
doble procesador
cinco gigabytes de ram
y el caché más alto del mercado;
bahías y puertos,
periféricos, teleféricos,
bluetooth, blue-ray,
blue-velvet...
pantalla plana de cristal líquido
conexión inalámbrica
teclado partido
y ergonomía en el ratón;
tres millones de líneas de código
—propietario, claro está—
accesos directos, alias
la cima de la civilización,

y todo para jugar
un triste solitario
y ver
películas porno.

lunes, 3 de diciembre de 2007

Tipografía sentimental (1ª parte)


No sé si le ocurre a todo el mundo, pero seguro que nos pasa a todos lo que, de una u otra manera, utilizamos la letra como herramienta de trabajo. Y es que llegamos a establecer una relación tan estrecha con la tipografía, con cada una de las formas estéticas que puede adoptar el texto, que acabamos por fusionar letra y memoria, vida y tipografía, fuentes y realidad.
Yo mismo, sin ir más lejos, soy una víctima más de la tipografía sentimental. Y es que no puedo ver una courier

sin que me invada la nostalgia. Imagino que es, más o menos, lo que le ocurre a otras generaciones con las máquinas de escribir antiguas: que les trasladan de inmediato a otra época.
A mí me llevan a los años 80, que para algunos son la época de las hombreras y el tecno-pop, y para mí son los años dorados de rebeldía e ilusiones en el barrio de La Palomera. Y todo pasaba por la espectacular máquina de escribir que intentaba domar cada noche, y tirando de sus riendas peleaba con mis primeros cuentos, y soltaba versos pretenciosos al cabalgar sobre sus teclas, y artículos que entonces me parecían incendiarios y que hoy, afortunadamente, ya no pueden borrar esa impresión, pues son inencontrables.
La máquina, decía, era espectacular. Mi madre siempre se ha tomado muy en serio el asunto tecnológico, así que a mediados de la década rompió la menguada hucha familiar y jubiló la vieja máquina portátil —es un decir, porque pesaba casi diez kilos y abultaba como una maleta de viaje—. En su lugar trajo una impresionante Canon electrónica, que pesaba todavía más, pero tenía memoria interna, pantalla de cristal líquido y disquetera. Además, su ingenioso sistema de margaritas permitía elegir entre un par de tipos de letra y hasta variar el cuerpo. A continuación, me envió a una academia a aprender mecanografía, y practiqué tanto que gracias a ella al menos sé hacer algo bien en la vida: escribir... con todos los dedos. Lo de escribir bien o mal ya es otro cantar, pero creo que aquella máquina tenía algo especial, porque nunca he vuelto a escribir con tanta pasión —y tanto éxito— como sobre aquel maravilloso aparato japonés.
Luego, el tiempo y yo mismo fuimos muy crueles con aquella pobre máquina, exiliada en el limbo de la biblioteca de nuestra casa de La Bañeza. Así pagué sus desvelos, ya ves, con el más cruel de los olvidos.

Sin embargo, toparse con una courier no siempre es un acontecimiento feliz; como es la letra por defecto que utilizan las filmadoras cuando se produce algún error tipográfico, no es extraño encontrarse con anuncios, carteles, páginas de revista e incluso libros con una fuente a la que el diseñador no había pensado en invitar a la fiesta.

Otro tipo de letra que en mi cabeza sufre una inexplicabe conexión cósmica es la letra times. Sí, sí, esa aburrida letra en la que se imprimen todos los informes y los trabajos escolares, la letra clásica del Word. Y que antes del Word fue del WordPerfect, y antes del WordStar... Y que, en realidad, no tiene nada de pesada, sino que es un tipo que muere de éxito: está tan bien hecho, resulta tan legible y elegante, que al final, como todo el mundo lo utiliza, acaba pareciéndonos vulgar.
El caso es que a mí ese tipo siempre me recuerda a Álvaro Valderas, que se pasaba el día escribiendo novelas imposibles en cualquier ordenador que pillara, y luego las imprimía con impresoras de chorro de tinta, que hacen que siempre se abra un poco la tinta sobre el papel y desdibuje el contorno de la letra, de esa times que siempre era mucho más inmaculada que su tormentosos textos.
Lo más curioso es que Álvaro, que ahora vive a miles de kilómetros, de vez en cuando me envía un correo del que cuelgan dos o tres relatos, o alguna novela loca, Y mi querido amigo, invariablemente, sigue apegado a su vieja times.

Y podría pasarme varias horas perdido en las analogías, pero tendrá que ser mañana: ahora mismo me habla la futura del reloj que tengo en la pared. Y me dice con toda claridad que el tiempo, mi tiempo, se ha esfumado. Pero que pronto habrá más.