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lunes, 17 de diciembre de 2007

Ni quito ni pongo rey


El sábado me crucé por los pasillos de la Facultad de Económicas con un grupo de policías. Y ahora me doy cuenta de que, si esto lo estuviese escribiendo en los años setenta, para empezar los agentes vestirían de gris y la escena significaría que alguien se iba a llevar unos cuantos palos. Pero no: los polis iban de azul marino y, aunque me miraron con ojos escrutadores, nadie hizo ademán de sacar la porra; bastante tenían con las maletas que custodiaban.
Lo que pasaba es que este fin de semana había una oposición en la que se disputaban unas cuantas plazas de subalterno. El hecho no tendría nada de particular, de no ser porque, al final, un ejemplar del examen cayó en mis manos. Y, curiosamente, resultó de lo más interesante.
En general, era una prueba normalita, tipo test. Algo puñetera, sí, pero como todas. Lo curioso estaba en la página 2. Esta misma:



¿Qué escritor cántabro ganó el Planeta? ¿Qué flora singular es propia de Castro Urdiales? ¿Cuál es el parque de Oyambre? ¿Qué director cántabro ganó un Goya en 2006? ¿Dónde nace tal río de Cantabria? ¿Dónde nació este personaje de Cantabria? Cantabria, Cantabria, Cantabria...
Cultura general, sí. Que si el marino Bonifaz y el retablo de Limpias. Claro. Y hay más: ¿dónde está la Escuela Cántabra de Remo? ¿En qué calle está el Juzgado de lo penal número 1 de Santander? ¿Y la Dirección General de Justicia? ¿Y la Seguridad Social? Datos, obviamente, fundamentales para que un subalterno subalterne correctamente en su puesto de trabajo.
¿Por qué estas preguntas "locales"? No seré yo quien lo diga, que algo adelantó ya en el siglo XIV Beltrán Dugesclín:

Ni quito ni pongo rey,
pero ayudo a mi señor.


En el fondo, tampoco hay tanta diferencia entre estas artimañas y otro recurso igualmente legal: el requisito de las lenguas cooficiales. Y es que es una queja recurrente de los opositores, en especial en las zonas limítrofes a las bilingües: ¿Por qué yo no puedo opositar en Cataluña y un catalán sí que puede opositar aquí? Lo mismo sucede con vascos y gallegos, que imponen unas barreras lingüísticas —muy legales, muy legítimas y muy lógicas, sí, pero barreras al fin y al cabo— que lo que impiden es que los demás españoles accedan al empleo público en igualdad de condiciones.
Como contrapartida, en otros lares utilizan el también legal, legítimo y lógico recurso de preparar un temario digamos que "casero": dulcificado para los locales e inaudito para los foráneos.

Y el caso es que a mí todo esto me hizo recordar lo que me sucedió hace muchos años durante las fiestas de un pueblín de León, Barrientos. Yo tendría diez u once años, y toda la familia fuimos a visitar a Don Fidel, un antiguo profesor de mi padre. La escena es típica de los primeros años ochenta: un pueblo pequeño, de no más de trescientos habitantes —los estragos del éxodo rural aún no habían acabado con todos los niños—, orquesta pachanguera y comisión de festejos con vocación cultural. Pues eso, son los ochenta: empacho de comisiones, cultura... y pachanga; es lo que tiene estrenar la democracia—.
Entonces la comisión de fiestas decidió que, aparte de la gymkana, el partido de solteros contra casados y la carrera de sacos, estaría bien hacer algo "cultural" de verdad. Y organizaron un concurso de preguntas y respuestas, aunque no lo llamaron "trivial" porque todavía no lo habían inventado. Y, como yo andaba por allí, también me invitaron a participar.
Yo, la verdad, estuve algo reticente; ya tenía la experiencia escolar suficiente para entender que no siempre es bueno ser el más listo, ni siquiera que parezca que "sabes". Además, lo que yo quería era jugar al fútbol. Pero el tal Don Fidel insistió, y al final acabé participando. Al menos, el premio era suculento: un lomo y un queso.
Jugamos ocho críos, en tres rondas eliminatorias: contestaba el que primero levantase la mano, y el que antes acertase dos respuestas ganaba. Empezó la cosa con geografía: afluentes del Ebro y las provincias de la Región de León —que aún recuerdo de carrerilla: León, Zamora, Salamanca, Valladolid y Palencia... qué tiempos aquellos— y, en la siguiente ronda, historia: el año de la invasión musulmana de la Península Ibérica y cuál había sido el primer rey de León. Yo pasé las dos primeras rondas sin problemas, y en la final me esperaba un chavalín de mi edad, que me miraba con cara de mosqueo. Sin embargo, el tío de la comisión que se encargaba de las preguntas me miraba con una sonrisilla maliciosa.
La primera pregunta me dejó descolocado: «¿De qué estilo arquitectónico es la iglesia vieja?». Y el otro crío levantó el brazo a la velocidad del rayo, y exclamó: «¡Románico!».
Inmediatamente llegó la siguiente pregunta: «¿Cuál es el patrono del pueblo?». Casi sin pensar, alcé el brazo y gané el turno. Ni idea de cuál podría ser el patrono, pero llevaba toda la tarde oyendo hablar de matanzas, así que, tímidamente, dije: «¿San Martín?».
Al de la comisión la cosa no le gustó demasiado, y se le torció el gesto mientras mis hermanos daban brincos y mis padres me animaban. Entonces se acercaron dos miembros más de la comisión, cambiaron un par de palabras entre susurros, y el tipo volvió a mirarme con una sonrisa de medio lado: «¿Cuántos perros tiene el tío Pachón?», preguntó, triunfante. Yo levanté la mano y, a voleo, dije "Tres". Pero no. El otro crío, que ya no me miraba mosqueado, sino como si yo fuera el tonto más tonto del mundo, dio la respuesta correcta: «Ninguno; ¡si Pachón le tiene manía a los perros!».
Total, que me fui sin el lomo y sin el queso, y con el orgullo más que herido. Casi igual que si hubiera hecho una oposición y la hubiera perdido por no saber que los cántabros pronuncian "por ay" en vez de "por ahí", o me hubieran descalificado por

14 comentarios:

elperdedor dijo...

ese concurso amañado es una metáfora perfecta de lo que ocurre en este ¿país?, amigo Javi. Yo también lo tendría muy mal con los perros del tío Pachón de turno. Y sobre lenguas qué te voy a decir? Yo soy un gallego castellanoparlante, es decir, un tipo raro y mal visto entre los de su especie, tanto que en casa del tío Pachón, donde nací, me llaman "oriundo".

Saludos

Mariano Zurdo dijo...

Perdona que te diga Javier, desde el cariño más profundo que te profeso, que de todos es sabido lo del tío Pachón, hombrepordios.

Viguetana dijo...

Pues yo tengo el catalán como lengua materna pero no soporto que se prime eso por encima de todo.

Me temo que cada vez se intensifica más el "paletismo" en este país... de pena.

Exiliado dijo...

¿ Pero de verdad era un prueba de oposición? Im-presionante.
Lo del catalán se arreglaría con el estado unitario y jacobino, de orientación socialista. Además, se debería dar la oportunidad de estudiar, en toda España, el catalán, el vasco o el gallego ( para algo se habrán creado los créditos optativos en la ESO y el Bachillerato, digo yo) Entonces podrían ser estas lenguas méritos, nunca requisitos, para el quisiera pedir destino en esas comunidades autónomas.
En cuánto a lo del tío Pachón, tendrás que perdonarme a mí también, pero es que lo sabía hasta el apuntador...

Javier Menéndez Llamazares dijo...

Joer con el tío Pachón... o sea, ¿que el único membrillo que no lo sabía era yo? Claro, eso me pasa por no leerme bien antes las bases de concurso. Seguro que en el temario venía bien claro: "Fauna autóctona". Y yo luego haciendo el pringao...

Por cierto que muchas gracias a Viguetana por su generosa visión del bilingüismo; ojalá cundiera el ejemplo.

Querido Perdedor: ¿y encima, oriundo? Ya te vale, tío...
Un abrazo, ahora me acerco a tu blog a ver que hay de nuevo (y de bueno).

Amigo ZurdiMariano: ¿Y me lo cuentas ahora? Mecagoenlaleche, haberlo dicho antes, tío.

Exiliado: te aseguro que el documento es verídico (palabrita del niño jesús). Y eso que yo no soy de fiar desde que palmé en una opo el valencià con un 4,5. Porque de lo que tú propones nada de nada: las lenguas son requisitos y no méritos.
Un abrazo (aunque mira que no contarme lo del tío Pachón... )

Iván dijo...

Un análisis completo y sencillo de la realidad autonómica, Javier.
Yo estoy con exiliado. Se deberían de estudiar el resto de las lenguas oficiales. ¿Por qué tanta obsesión con el inglés cuando podríamos aprender vasco o gallego? Quizá entonces no habrían tantos futurólogos que adivinasen la ruptura de España.

Viguetana dijo...

Mi propuesta educativa en este sentido: para todos los estudiantes de bachillerato de este país, obligación de participar en un intercambio con una escuela de otra comunidad distinta (a ser posible, bilingüe).

Los medios de comunicación autonómicos están haciendo muchísimo daño, más incluso que los políticos, que ya es decir.

tentirujo dijo...

Javi, me encanta leerte, la mayor parte de las veces me sacas una sonrisa. Así que, a partir de ahora, que no te vuelva a escuchar (en diferido), que no eres escritor ;-)

Y respecto al tema del post, yo diría que conocer el lugar dónde se quiere trabajar es importante, pero tanto como los Goyas de no se quién o el árbol de no se dónde...

ANA DE LA ROBLA dijo...

La copia del examen no tiene desperdicio... Me imagino la jeta de más de un aspirante a subalterno con lo de la Matilda Turpin :-DD
Beso anonadado.

Mariano Zurdo dijo...

Lo que realmente sería duro es que le hicieran leerse a los aspirantes "La fortuna de Matilda Turpin", y lo dice un pombista convencido y confeso.
Javier, no te he dicho lo del tío Pachón como no te lo dije en su día. Yo fui el contrincante que te ganó en aquel concurso. XD

Carlos Añejo dijo...

Yo, y no sé si esto es bueno o malo, siempre he sido partidario del "aquí o fornicamos todos o la prostituta al río" (hablando educadamente, claro).

Por cierto, ¡pero hombre de Dios!... todo el mundo sabe que Don Nicanor tiene tambor, y que el tío Pachón no tiene perros...

vitruvia dijo...

Javier, me solidarizo desde ya contigo. Vamos, hombre, que al tío Pachón lo conocerán en su casa y poco más.
Lo de los idiomas está mal plantedo se mire por donde se mire. Yo sufrí, en carnes de una sobrina, lo duro que es llegar de otra comunidad y tener que estudiar, en tu país, en un idioma que no reconoces. Suspendió todito. Simplemente no entendía ni lo que explicaba la profe ni lo que tenía qe leer en los libros de texto. Esto sucedió en la Cataluña de hace 15 años, pero por desgracia ya sucede a día de hoy en Galicia o Euskadi. Y en Galicia con el agravante de que, en su afán por diferenciarnos del resto de España, confundiendo esto con tener una personalidad propia, cada día se inventan una palabra nueva. Con decirte que yo, gallegoparlante más que la que más, a veces, no entiendo lo que se dice en las noticias.

Valen dijo...

Yo he de pedir perdón a algunos vascos, catalanes y gallegos, en mi nombre y en el de otros cuantos ibéricos, por no darme cuenta de que ellos son más diferentes de nosotros que nosotros de ellos. Su cultura e idioma es más auténtico por no ser el común, y las estrellas de su cielo probablemente más bonitas.

Y ya de paso, pido perdón a Llamazares por recordarle que ya dice el refrán que el Tío Pachón tiene tantos perros como los Países Bajos cerros.

cacho de pan dijo...

¿soñamos los castellanoparlantes con un paraíso sin discriminaciones?
¿de qué colores serían nuestras ovejas?