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viernes, 14 de septiembre de 2007

Óscar y su mala pata


O su pata mala; al bueno de Óscar —también conocido como «Oscarón»; por lo canijo, más que nada— no se le ha ocurrido otra cosa que troncharse la rodilla, y ahora está en casita con la pierna enyesada y atornillado a la butaca del salón.
Que sí, que sí, que el chico estaba buscando una excusa para poder seguir todo el Eurobasket, y no le ha podido salir mejor: no se ha perdido ni un partido.

Claro que le ha costado lo suyo: fue el miércoles pasado, mientras jugábamos nuestro partidillo de rigor. David sube la bola y me la pasa sobre la línea de tres. Yo veo a Óscar en el poste alto y —hecho insólito—, le meto un pase interior, que recibe con claridad. Detrás tenía a Berto (Al-Berto Díaz, uno noventa y algo y como un armario de tres cuerpos) y se intenta zafar de él con un reverso prodigioso. Sólo que su pie izquierdo no se entera de la jugada y suena un clac terrorífico.

Total, que Óscar acabó en el suelo, con lo que después sabríamos que era un esguince con rotura de ligamento lateral no sé qué. Y era espectacular ver a ese tiarrón ahí tirado, con la pata del revés y sin quejarse... Algunos están hechos de una pasta especial, desde luego, porque la lesión debía de ser muy dolorosa. Mucho.

Ayer me acerqué a visitarle. Quería llevarle un libro, pero al final acabé cabreado porque no encontré ninguno de los que tenía pensados —"Con las mujeres no hay manera", de Boris Vian, "Lo mejor que le puede pasar a un cruasán", de Pablo Tusset, y alguno más de ese estilo, y resultó imposible—. Así que le llevé unos tebeos de El Jueves, que para salir del paso tampoco están mal. Pena que no encontré "Clara de noche", que es uno de los mejores personajes. Bueno, pues allí me planté con mis comics y me encontré al hombre con un portátil, apagando fuegos del trabajo —es informático—, y con la colección de películas desperdigada por el salón.
Y también charlé con Cristina, que por fin puede pasar más tiempo que yo con Óscar. Porque, echando cuentas, resulta que si jugamos al frontón los lunes y los jueves, al baloncesto los miércoles, durante la semana cae algún café y el fin de semana coincidimos en Cañadío, al final le veo casi más a él que a mi mujer. Y ella es mucho, pero mucho más guapa, donde va usted a parar.

Pues nada, que espero que Óscar se mejore, que no es lo mismo jugar sin él; esta semana, por ejemplo, nadie me ha arrollado, como si fuera un tren de mercancías, al correr detrás de una pelota gritando «¡Míaaaaa!». Ni me ha metido el cuerpo al entra a canasta, diciendo luego «¡Si no te he tocado!». Ni me ha recordado que León limita al este con Castilla —su familia es de Valladolid, ahí es nada—.

Vamos, que le echo un montón de menos. Mejórate, campeón.

2 comentarios:

Mariano dijo...

El deporte es salud de toda la vida de dios...
¡Anda que no echo de menos los partidillos de basket! No sé si mi rodilla maltrecha aguantaría, pero lo mismo me animo y busco un equipillo para reverdecer viejos laureles desde mi 1,70.

Jesús Montoya Juárez dijo...

Javier,

para no ser nadie tienes un encabezamiento del blog muy de escritor en serio. Con todo gusto me encantaría recibir tus opiniones en privado. Mi mail lo tienes, si no lo puedes mirar en la página del Dpto de Literatura Española de la UGR. A un par de clicks.

Abrazo grande,

Jesús.