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jueves, 6 de septiembre de 2007

La bebida del imperio (historia de una adicción)

Supongo que todo se debe a una infancia de abstinencia, en la que, como mucho, podía caer algún mosto sabatino, en el "hogar" popular de la parroquia, pero poco más. O un "butano" en casa de la abuela —un refresco de naranja, que se multiplicaba cual agua de Caná, con el milagro de la gaseosa—, si había suerte.
En realidad, en aquella época la coca-cola escaseaba tanto en mi casa que no sabíamos si nos la daban porque era fiesta o era fiesta porque nos la daban. Mi madre era más de "trinaranjus", limonadas —de las de agua y limón, no la liemos, ¿eh?— o zumos naturales: cualquier cosa, pero sin burbujas. Pero el resto, incluido mi padre, siempre hemos sido cocacolómanos. Cinco contra una, ya ves.
Sufrimos mucho las crisis del petróleo y demás desgracias de los setenta, y quizá por eso, cuando llegó el desarrollo económico, nos lanzamos a celebrar la bonanza dándonos a la bebida del imperio. Los años 80 fueron una orgía de burbujas y desenfreno, bajo la órbita de la OTAN y el rock patrio. Y nosotros caímos, vaya si caímos.
Mi hermano Pablo, por ejemplo, llegó a desarrollar una capacidad auditiva fabulosa. Podía estar en cualquier parte de la casa, pero como alguien abriese una botella y sonara ese característico ruido del gas recién liberado, allí aparecía el muy tunante como una flecha, y con el vaso ya en la mano.
También hicimos grandes progresos en cálculo y cubicación de líquidos. Pronto quedó claro que una botella de tamaño familiar daba para diez vasos; en casa éramos seis, lo que complicaba mucho el reparto, pero la fobia de mi madre al néctar negro nos facilitó mucho las cosas: dos vasos por cabeza. Y peligro de muerte para el que se le fuera la mano rellenando. Una visita furtiva a la nevera podía entenderse como causa belli, y no veas lo cruentas que son las guerras civiles, hermano contra hermano, hijos contra padres... una escabechina, la verdad.
Claro que no había coca muy a menudo; mi madre siempre ha sido una naturista combativa, y había que aguantar siempre el sermón de que si se llenaba el estómago de gas, que si la cafeína, que si el azúcar en exceso...
En la siguiente escena familiar que recuerdo, el desenfreno cocalero ya se había declarado. Pablo, Pilar y yo pasamos el verano en Alemania, y estamos en el súper haciendo la compra. Nos llevamos a casa una "jaula" de botellas de coca, el aprovisionamiento semanal. Bueno, también compramos algo de comer y mucho tabaco de liar, pero el plato fuerte era el líquido elemento. Allí las botellas eran de litro y medio, y además tenían mucho menos gas, y un sabor distinto, menos dulce. Si fuera un somelier diría que tenía más cuerpo y estaba menos afrutada, pero el caso es que sabía diferente.
Tiempo después, ya en España y esperando un niño, Pilar se empeñó en que nos cambiásemos a la coca-cola sin cafeína. Menudo drama: fue como pasar de fumar rubio a darse al ducados. El sabor es radicalmente distinto, y eso que se supone que la cafeína no tiene sabor. Sin embargo, pronto nos acostumbramos, hasta el punto de que yo ya no soporto la coca normal, que me deja un regusto ácido en el paladar. Tiene mal bouquet. El caso es que la idea no fue tan mala: mis problemas de estómago, que arrastraba desde hacía años, desaparecieron de pronto, y sólo regresan si alguna vez tomo cafeína.
Pero las cosas no iban a quedarse así. Hace un par de años, cuando ya habíamos formado una familia dependiente, con un pequeño también adicto a la coca-cola, mi médica tuvo la ocurrencia de encontrar mis análisis muy preocupantes, y me trastocó la vida de parte a parte. Nuevo régimen, muchas restricciones y el regreso a las apreturas y sacrificios de la infancia. El extracto de nuez de cola se salvó, pero siempre que fuera sin azúcar.
Nos empeñamos, durante una temporada, en aficionarnos a la cocacola light sin cafeína, pero la cosa no cuajó. La verdad es que es un mejunje horrible; parece un castigo a una vida anterior llena de pecados gastronómicos. Hasta que decidimos pasar a la competencia. Sí, sí, lo sé: es un cambio de chaqueta como de merengue a culé, pero ¿qué quieres? Era una cuestión de salud. Y, en cuanto te acostumbras a la sacarina, la verdad es que la pepsi (light sin cafeína) está mucho más rica.
Y es curioso que, mientras que en España (y en casi todo el mundo) la Coke es el refresco más popular, en la cuna de la nuez de cola es la Pepsi la que se lleva el gato al agua —o lo que sea que llevan estos venenos—. Y después de toda una vida de entrega absoluta a los colores rojiblancos, ahora me he pasado al enemigo. Me fastidia, porque no dejan de ser, las dos, bebidas del imperio —«un jarabe asqueroso», que dice mi suegro de ambas—, pero es que ni la afri-cola, ni la cuba-cola ni ningún invento alternativo me han llegado a hacer tilín. Como aquellos intentos locales, la casera-cola, el kas-kola y algún otro brebaje que nos daban en los campamentos y que ya quisiera yo olvidar...
En fin, qué vamos a hacerle; sólo me queda pedir «larga vida al imperio». «Y a su bebida oscura».

7 comentarios:

Airnoja dijo...

Historias como la tuya con la Coca Cola seguro que las podrían contar miles de españoles,para que luego digan que no engancha el tema, Yo de niño si que le pegaba, pero mis padres me enseñaron bien y sigo con la costumbre con los míos, para comer agua y solo agua...también digo que de vez en cuando le pego a esta gaseosa bebida, eso si con mucho hielo o mezclada con un buen vino, el Kalimotxo con Pepsi no es lo mismo.

Paquito dijo...

No tienes que irte tan lejos en el tiempo: hay gente que vivimos eso hasta finales de los 90 :-)

Claro, que las cosas ya cambiaron... Antes, curiosamente, veías pocos niños gordos (lo más que veías eran niños gorditos, con unos kilillos de más) y ahora ves baloncitos con ojos por todas partes...

El imperio no es sólo "el mejunje" sino su comida (la Mc Mierda ha hecho mucho daño amiguitos :-))...

Y, como dice airnoja, el día que el vino probo la Coca-cola fue el día que, definitivamente, una nueva generación de españoles nació :-)

Un saludete y mil gracias por tu visita a mi blog :-)

Paquito.
Paquito's World

Estilografic.art dijo...

Mi infancia estuvo marcada por La Pitusa, que era uno de los muchos parientes pobres de la Coca Cola. Que yo sepa no se compraba en las tiendas, sino que venía un camión a repartirla por el barrio y la había de naranja, limón, cola y blanca (bueno, blanca no era, sino incolora como La Casera, pero asi la llamábamos)...

Oye, me acabas de recordar una historia olvidada que me daría para un post.

CarlosBlanco dijo...

Tienes toda la razón, la coca cola cambia de sabor a donde quiera que vallas, en España a cada poco (1 o 2 años) le cambian el sabor.

Yo hace bastante me cambié a pepsi que también cambian pero menos y ahora me estoy quitando.

Da Gurl dijo...

"Larga vida al imperio" y corta a nosotros los adictos a la Coca Cola...Es buenisima al gusto pero mala para la salud...por que sera que todo lo que es bueno o engorda o enferma?????

Javier Menéndez Llamazares dijo...

Airnoja,
no te creas que yo siempre he nadado en coca-cola... esto son cosas de hace dos días; en casa bebíamos agua, como todo el mundo.
Ahora, que tienes mucha razón: yo no sé cómo es capaz la peña de comprar los sucedáneos de cocacola para el calimocho. Pase lo del Don Simón, pero coño, compra al menos cola buena, ¿no?
Gracias por la visita.

Paquito:
Qué razón tienes con los del MacDonalds. Y lo peor de todo es que cuando ves las fotos de los menús, tiene todo una pinta bestial, ¿verdad?
Saludos.

Estilografic:
Yo no tenía Pitusa, pero en mi pueblo el gasiosero hacía milagros. Y cerró hace dos años, y no hubo ni manifestaciones ni nada. Y es que no sabemos defender nuestro patrimonio. Manda huevos.
Por cierto, que eso de los camiones de reparto, vaya tema... Anda que no he planeado yo asaltos al furgón de los refrescos; lástima que no encontrase una banda adecuada.
Un abrazo.

Carlos:
Veo que eres un auténtico catador de cocacola; para que luego digan que no se nota la diferencia, ¿eh?
Un saludo y muchos ánimos. Contención, que luego el cinto cada vez aprieta más.
Saludos.

Da Gurl:
Me gusta mucho tu nueva imagen; no tiene rascacielos, pero es incluso mejor. Y claro que hay cosas buenas que ni engordan ni enferman, pero por desgracia, o son muy caras, o son pecado...
Me alegra mucho verte por aquí y volver a leerte, que hacía mucho que no te prodigabas.
XXX

Ing. Cardioide dijo...

LARGA VIDA A LA COCA COLAAAA! Aunque haga daño y pueda usarse para quitarle el sarro al retrete! No importa jajaja...

De la misma manera, LARGA VIDA A LA CHEVE [cerveza]

Yo sí tomaba demasiada Coca Cola O_o 2 litros y medio AL DIA! :S Afortunadamente ya es bastante más poco, pero aún así me encanta jeje.

Aloha! Un abrazo desde México,

Lalo.