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jueves, 20 de septiembre de 2007

Bajo un nombre falso




Hace unos días el joven escritor Jesús Montoya se vio envuelto en un asunto desagradable. Por casualidad, había sido testigo de una conversación informal de un político de su ciudad, y tuvo que escuchar ciertos comentarios xenófobos que no sólo le parecieron inadecuados, sino incluso inaceptables para un representante de la ciudadanía. Y al bueno de Jesús sólo se le ocurre contarlo en su blog. Sin tener en cuenta, eso sí, que las bitácoras son de dominio público, que puede leerlas cualquiera y que, de hecho, las lee mucha gente. Total, que, al final, el revuelo ha sido tal que el escritor, molesto por las insinuaciones de que pretendía meterse en política, ha decidido retirar el artículo en el que desvelaba los resbalones verbales del baranda en cuestión.

El caso tiene muchas lecturas, pero no vamos a entrar ahora en interpretaciones sobre la libertad de expresión y las malas artes de algunos poderosos. Lo que realmente me llama la atención es que Jesús Montoya lo ha pasado mal por un detalle en apariencia nimio: porque firma con su nombre. Si hubiera utilizado un alias —como hacen muchos blogueros— nadie le habría identificado, y se hubiera ahorrado muchas presiones en la llamada "vida real".

Pero Jesús es uno de esos raros casos que se atreven a ir con la verdad por delante: «éste soy yo, con nombre y apellidos. El que me busque aquí me encuentra». Él, como Ana de la Robla, Antonio Toribios, Alberto Torices —y muchos más que ahora omito por mi mala memoria— no tienen nada que ver, por supuesto, con el vulgar uso del "Anónimo" para las puñaladas nuestras de cada día en este valle de lágrimas [digitales].

Y es que «andar por la red» no debería diferenciarse mucho de «andar por la calle». Somos hasta cierto punto anónimos, porque, cuando caminamos, a menudo nadie o casi nadie nos conoce. Sin embargo, sí que somos responsables de nuestros actos, y sí que tenemos una identidad. En la calle se nos reconoce por nuestro físico. En la radio, por nuestra voz. Y en la prensa, por nuestra firma. Sin embargo, en internet, nos identifica nuestro nick. ¿O más bien nos esconde?

Claro que lo de valerse de un nick o un nombre supuesto está muy bien: si andas por la red "bacilando", si bordeas los límites del derecho de autor o si simplemente quieres conservar tu empleo, tu buen nombre o a tu pareja, es un recurso más, un caso de fuerza mayor. Pero si utilizas tu identidad falsa para opinar, para criticar, para abrir debates y para intentar, de algún modo, influir en los demás, entonces ya no es tan buena idea. Porque escribir en la red no difiere demasiado de hacerlo en la prensa: la gran diferencia es que aquí no hay selección previa, no hay redactor jefe ni consejo editorial, y cada uno avala sus palabras y opiniones con su propio prestigio. ¿Y qué mejor aval que la propia identidad?

Utilizar un pseudónimo en la blogosfera te concede un estatus privilegiado: es un anonimato atenuado, porque tu nick te identifica, pero anonimato al fin y al cabo, porque la persona física no sufre las consecuencias de los actos de su otro yo, el cibernético. Es una especie de salto con red, una reducción lúdica de la actividad social en la red a la mera virtualidad.
A mí, personalmente, no me agrada esa impostura. Si pretendemos que internet sea un espacio de libertad, un foro público con importancia real y con trascendencia en la sociedad, me parece que están de más esas corazas, esas pseudoidentidades que, en definitiva, sirven para «tirar la piedra y esconder la mano».

15 comentarios:

Mariano dijo...

Completamente de acuerdo, tanto que yo no uso pseudónimo, aunque se me conozco por el zurdo, más que nada por ser zurdo.
Nada más que añadir.
Un abrazo.

MAX Y LULA dijo...

Esto de usar nicks es vergonzoso, intolerable...

Fdo:

Anónimo.

La interrogación dijo...

Pues tienes mucha razón. Yo sí utilizo un pseudónimo. El motivo es porque al principio, no sabía muy bien cómo iba a ir esto de los blogs. Al desconocer su posible repercusión pensé que igual, si mi escritura iba a ser una especie de diario no quería que nadie cercano a mi (excepto mi pareja) conociera mis interioridades. El caso es que he ido derivando y el mío no es un diario intimo y personal, son muchas cosas. Pero me hace gracia lo de la relación de una interrogación en un mar de preguntas que se cuestiona todo.
No sé si terminaré cambiandolo. Quizá. No sé.

Desesperada dijo...

no estoy en absoluto de acuerdo. a mí me encanta precisamente de mi blog la posibilidad que me ha dado de crear mi alter ego, de "inventarme" a la mujer desesperada que, aún siendo yo, me permite dejarme llevar de un modo que quizá si hubiese dado mi nombre no haría. es más, la mayoría de mis amigos no saben que tengo un blog. no lo hice para gente que me conoce, sino para conocer a gente nueva, confrontar opiniones, crear debate con gente de toda España, desconocidos que, en muchos casos, ya son conocidísimos.

creo que es precisamente la magia del blog la que hace que sea tan lícito ser anónimo como dar tu nombre real. de hecho, cuestionarte semejante cosa creo que es coarta en cierto modo la absoluta libertad de los blogs. yo con mis lectores habituales intercambio correos con mi nombre real, pero no me apetece que aparezca en internet. no creo que sea una cuestión de ser más o menos valiente. es una nueva forma de expresión, y me gusta tal como es!

Vilos Cohaagen dijo...

Es un bonito debate.

Personalmente también prefiero a los que dan la cara, aunque algunos llevan tanto maquillaje que aquélla viene a ser otra máscara.

No es su caso ni el de Montoya, al que transmito mi solidaridad y un abrazo cibernético.

Desesperada dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Desesperada dijo...
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Estilografic.art dijo...

Yo, no sé si es por su insistencia (tía, que te has repetido tres veces), pero sí estoy un poco con deses. A mí también me da más juego lo de crear una especie de alter ego que, si te soy sicero, se ha ido formando él solito poco a poco.

Llevándolo a otro terreno, creo que uno de los grandes males del periodismo que se hace hoy es el culto al "yo", el periodista que quiere convertirse en noticia por sí mismo.

Yo he trabajado en prensa escrita y en agencias, y te aseguro que es mucho más honesto el trabajo que se hace en las segundas, donde por lo general se mantiene el anonimato del periodista.

De todas formas me parece que nos hemos desviado un poco. Tú ibas más por aquellos que utilizan el anonimato para insultar a diestro y siniestro y meterse con quien les da la gana. Eso tammpoco lo comparto, que conste.

dondado dijo...

Yo estoy totalmente a favor del anonimato en la red, al menos tal y como yo le practico. Cualquiera que tenga verdadero interés en saber quién soy no le costará mucho averiguarlo, un par de búsquedas en google, una consulta al registro de dominios... vamos que está al alcance de cualquiera con un mínimo muy mínimo de habilidad en la red. Este anonimato parcial me permite ahorrarme ataques personales que cuando te llegan no sabes si tomarte en serio o dejarlos apsar sin darles importancia; en dondado no toco temas polémicos por lo que nunca he tenido problemas pero en esquisanglorio otro blog que tengo en contra de la estación de esquí de San Glorio sí que he recibido insultos y comentarios fuera de tono, no me apetece que esos comentarios terminen por ejemplo derivándose a mis hijos y tener que decidir si me los tomo en serio o no. Usar el nick me sirve para saber si alguien se ha tomado la molestia de saber quién soy o sólo está escupiendo la primera gili______ que se le viene a cabeza.

Roberto dijo...

Soy también de los que firma con mi nombre, y hace ya tiempo esto me trajo algunos quebraderos de cabeza, y hasta incluso me planteé el ocultarme tras un pseudónimo, pero lo de ocultarme no va conmigo. Al final y tras reflexionarlo, decidí que no tengo por qué, lo que pienso lo escribo, y al que no le guste, que no mire, como decía la canción, y, a lo mucho que haga crítica constructiva.
Mi problema fue con un troll, anónimo por supuesto, que se creyó con la autoridad de insultarme a mi (por ahí paso, no es que sea yo muy susceptible) y también a algunos de los habituales de mi blog (por ahí ya sí que no paso). Acto de cobardía y de estupidez, cobardía por protegerse de las contracríticas por un pseudónimo, y estupidez porque, sea quien sea, sin referencias reales de quién es y por qué se cree con autoridad de crítica -incluso de insulto-, y no demostrando en esas críticas más que falta de luces (bastante grave), pues la verdad, no iba yo a tomarme en serio semejantes críticas y consejos, que pasaron en breve (esto dice mucho del emisor) a insultos, y el valor argumentativo de un insulto es nulo.

Espero que no le traiga mayores problemas a Jesús ese acto de información, que por otra parte tiene derecho a hacer, y nosotros a recibir, dado que fue vertido por un personaje público en un lugar de pública concurrencia, por muy informal que fuera la conversación. Sabes que este tema de la libertad de expresión y los blogs ya me ha hecho correr tinta, y además me encanta, por lo que, respetando que no quieras entrar "interpretaciones sobre la libertad de expresión y las malas artes de algunos poderosos", lo dejo aquí.

Un abrazo.

Raquel dijo...

Creo que se puede elegir utilizar un pseudónimo o no. Se puede tirar la piedra y no necesitar esconder la mano sin necesidad de dar tu nombre. Todo depende de cómo se tire la piedra y con la integridad con que se haga.
Un abrazo

LA CARICATURA EXISTENCIALISTA dijo...

me pregunto que opinaría Tito sobre su identidad dentro de un blog, pero creo que él no sabe que está dentro de uno

salute!

La Chirvi dijo...

La verdad es que no sé cómo llegué aquí, pero llevas má razón que un santo. Sólo se te olvida una cosa, cariño, que es decir que la gente, aún en la calle, es muy muy muy cobarde. Con lo que no se esconden con un nick, pero sí que te giran la cara, se cambian de acera, no se mojan no vayan a tener represalias y todo el mundo putea a su jefe con su compañero y a su compañero con su jefe. Así que, ¿qué esperas?

ANA DE LA ROBLA dijo...

Aún entendiendo el "juego" que proporciona la identidad oculta -juego incluso estilístico, no sólo de enmascaramiento-, yo prefiero optar por la transparencia. No dejo de sospechar, siquiera remotamente, que en el pseudónimo existe siempre un cierto miedo latente (a que me descubran, a que me reconozcan, a que sepan lo que pienso). Cuando el miedo existe, la posibilidad de represión está servida... Abrazos y besos.

Desesperada dijo...

estili! es que el blogger se me vuelve loco y me publica por triplicado!!!!