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lunes, 11 de febrero de 2008

Profesionalismo

Lo bueno, lo verdaderamente bueno de ir de escritor por la vida es que no le pisas el callo a ningún gremio.
Porque, lo que es yo, me he pasado la juventud bregando en corral ajeno. Sin colegio profesional, sin la titulación exigida, sin examen previo... Vamos, que cuando era periodista ni carné de prensa tenía. Y, de haber tenido un carné, allí donde decía "profesión" habría puesto: "intruso".
Sin embargo, ahora nadie me tose, porque puedo para ser escritor no hay que cursar una licenciatura, ni aprobar un examen del Estado, ni nada de nada. Ni siquiera hay que pagar una cuota, afiliarte a un sindicato, pagar sobornos o poner velas a Santa Rita. Qué va; con decir que lo eres es suficiente.
Existen incluso casos extremos que prueban esta teoría, como el de Ignacio Escribano, un chaval de León que, nada más ganar un premio de un pueblín perdido, se fue a la estación de la Renfe y en una máquina maravillosa se hizo unas tarjetas de visita que decían:
Ignacio Escribano
Escritor
¿Y quién va a negarle que sea escritor? Sí, bueno, vale: no le conoce nadie. ¿Pero acaso eso le impide ser escritor?
Claro que lo de los escritores podría estar mucho más regulado; lo pienso ahora mientras recuerdo algunas novelas de Kundera, los libros de poesía del olvidado Evtuchenko, y pienso lo mismo que hace una década, mientras reseñaba libros cubanos para una interminable base de datos bibliográfica: ¿cómo llegaría alguien a ser escritor en un sistema socialista? Habría un examen o algo así, supongo.
Me imagino que habría un tribunal popular, o un comité del partido, o algo así, que tendría que valorar al candidato. Y menudas pruebas tendrían que ser; nada de exámenes tipo test, por supuesto: todo a desarrollar, que para algo son escritores.
Lo primero sería la parte teórica: ¿cómo remataría usted esta escena? ¿qué palabra encaja aquí? ¿el asesino es el mayordomo? ¿toda obra necesita una tesis?
Luego la prueba práctica: te dan un saco lleno de palabras, sacas tres y tienes que hacer con ella una estampa marinera. O un diccionario de sinónimos, para que escribas en treinta minutos una oda al líder del partido.
Y eso con suerte, porque te podría caer un examen más cachondo, del tipo: "márquese usted tres folios sin usar las letras t, u, v, w, x, y, z". Así, con dos potencias.
Para acabar, seguro que había entrevista. O "interrogatorio", no sé cómo los llamarían entonces. El caso es que siempre hay filtros para asegurar la calidad deseada o, en su defecto, que no se quede fuera ningún enchufado.
Eso sí que sería una buena organización, una impecable capacitación profesional. Y luego, a escribir, que son dos días. ¿Se imaginan ser escritor titulado, con plaza fija y todo? Seguro que tendría mi mesa en el Ministerio de Cultura, con su tipex y todo, y un pase especial para fichar a la hora de entrada y a la de salida. Y planes quinquenales, objetivos de producción, control de calidad... Un lujo, vamos.
Y sin embargo... ya ven, aquí estamos, en esta economía de mercado —o de mercadillo, más bien—, en la que cualquiera se autointitula "escritor" y ¡hala, a escritorear por ahí! Lástima de utopías, que poco nos duraron...

10 comentarios:

Antonio Toribios dijo...

11 días 11, como once toros. Sí que cunde, sí. Te imaginaba enredado con el máster ese del universo. Te acompaño en lo de la gripe; envidioso que es uno.
Bienvenido al ruedo.

iamsogreat dijo...

¡Estás de vuelta, yuju! Se te echaba de menos...
La gripe que se quede fuera ya.

Saludín gijonés

Juli dijo...

Joder, pues sí que ha sido fuerte la gripe! Ya me extrañaba tanto tiempo sin colgar nada...
Me alegro de que estés recuperado, un abrazo.

Iván dijo...

El eterno dilema entre emborronador de páginas y escritor. Como nos gustaría calificarnos a aquellos que pretendemos jugar con las palabras con la tan deseada etiqueta. "Escritor". Me encantaría que figurase en mi currículum. Aunque sé que son los lectoires quienes te otorgan ese calificativo. Y no un jurado que tenga a bien concederte un premio.
Los escritores socialistas no pretenderían cobrar los derechos de autor... Un sueldo base y a correr.

Iván dijo...

Se me olvidaba. Me alegro de encotrarte de nuevo entre nosotros. Los blogueros, vaya.
:)
Un abrazo!

la_filologa dijo...

Leyendo tus pruebas imaginarias, se me ocurrió que con premisas mucho más tontas que esas, se iniciaron movimientos dentro de los "-ismos". ¿Tú también crees que el dadaísmo y semejantes chorradas son producto único y exclusivo de la droga? Yo siempre estuve convencida.
Con lo de las tarjetas, acabo de decidir que si encuentro una buena oferta (las clases particulares no me van a hacer rica), me haré unas que pongan mi nombre y debajo "FILÓLOGA." Que con lo que me costó, ¡qué menos!
Me alegro que hayas vuelto de "el otro lado." El de la gripe, vaya...

Jovekovic dijo...

Dales tiempo, los ministerios andan llenos de iluminados.

vitruvia dijo...

Yo tengo una visión demasido particular y personal de este tema. Creo que lo del intrusismo y las titulaciones son a la vida laboral lo que las fronteras al planeta: cuantas más, más problemas. Que si a vivir aquí tú no tienes derecho, que si a trabajar en esto tú no tienes derecho...... Curiosamente sólo oigo hablar de intrusismo en sectores de rango intelectual, como también en sectores en los que para llegar has debido estudiar algo. Nunca he oído que se le niegue trabajo en una fábrica de madera a uno que trabajara antes en una fábrica de ladrillos, ni que se le critique siquiera, curiosamente como nunca he oído quejarse a un senegalés de que un europeo vaya a vivir y a trabajar a su pais, claro que tampoco conozco a ningún senegalés. Será por eso.
Si alguien vale para algo, independientemente de su título, creo que debería poder desempeñarlo con más autoridad de la que pueda otorgar el título.
Si todo esto lo reducimos al ámbito de los escritores, pienso que uno que se cree con más derecho a que le definan como tal, sólo por el hecho de que tiene más preparación que cualquier otro sin ella que pueda autoproclamarse de la misma manera desde la necesidad que le supone escribir, creo que ya ha perdido de vista la esencia de lo que pretende desempeñar, que es poder hacer arte empleando como medio de expresión una lengua y que no es, ni más ni menos, que lo que hace el segundo.

Carlos Añejo dijo...

Y digo yo, ¿un escritor no debería escribirse él mismo las tarjetas en lugar de pedírselas a un tercero o a una máquina?

Bueno, no digo nada... supongo que será igual que cuando un cirujano no se opera a si mismo a corazón abierto.

Me alegra que hayas regresado. Ya estaba empezando a pensar que te habías convertido en un escritor de éxito y nos habías abandonado.

Noe dijo...

o me siento a la altura de dar una opinión, pero si puedo decirte que no se lo eres o lo pretendes, digo lo de escritor, pero siempre pense que ser escritor es algo que por encima de muchas cosas, debe gustar a quien te lee y o, que menos que entretener.

Tu perdoname que te lo diga asi, pero eso lo tienes, al menos a mi si me gusta leerte en este tú blog, asi pues espero que no te hagan examen alguno, despues de la elecciones, ya que escritor si quisieras podrias, chao.