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lunes, 16 de julio de 2007

Virtudes (1ª parte): La fe

Que durante siglos se haya considerado la fe —antiguamente, «fé»—como una virtud es un hecho absolutamente chocante desde una perspectiva contemporánea.
Desde el siglo de las luces hasta hoy, la lógica, el empirismo y el método científico son nuestras armas para interpretar el mundo y afrontar cualquier reto. Y a la vista está que no nos ha ido tan mal: tenemos satélites orbitando alrededor de un planeta que resultó ser redondo, y podemos utilizarlos para el bien o para el mal —para el espionaje militar o para retransmitir conciertos de radiofórmula: no sabría decir qué es peor—. En los países occidentales comemos todos los días y vamos aprendiendo a tolerar al vecino y a soportar la convivencia con quien piensa diferente. Es decir, que nos rige la razón, y no la fe.
Antiguamente, todo giraba alrededor de la fe. No sólo se trataba de la manifestaciones externas de la espiritualidad, sino que el teocentrismo marcaba la vida en todos los ámbitos: las horas de día, el calendario, la organización de la sociedad... ¡Si hasta la soberanía o la jefatura del Estado se ejercía «por la gracia de Dios» hasta hace nada!
La fe, no obstante, es actualmente un valor depreciado: ¿quién puede, hoy en día, tener fe en el sistema métrico decimal o en la ley de flotación de los cuerpos, de Arquímedes? No confiamos, sino que comprobamos empíricamente si aquello funciona o no. Tampoco acatamos las reglas porque las consideremos emanadas de una instancia superior —en el sentido espacial de la iconografía del ramo, que sitúa a la divinidad arriba y a las fuerzas del mal abajo—, sino por la evidencia del castigo. Pensemos, si no, en las multas de tráfico... no es una cuestión de fe, no: el terror que inspiran está más que fundado.

Y, sin embargo, la fe perdura. A pesar de que la descartamos en casi todos los ámbitos de la actividad humana, en lo más profundo de nuestra vida cotidiana seguimos valiéndonos de ella —más allá de las cuestiones religiosas–, como si los humanos fuéramos una especie necesitada de fe: fe en los noticieros, fe en las promesas de los políticos, fe en la publicidad y los paraísos que promociona. Ahí nos guardamos en el bolsillo nuestro racionalismo y nuestra devoción por la ciencia, y nosotros mismos –cuál dóciles borreguitos— nos encerramos en el feliz redil de la confianza. Como si nada.




10 comentarios:

Mariano dijo...

El problema de la fe es cuando se le intenta dar el valor de certeza, intentando imponerla a los demás.
La fe es muy necesaria en nuestras vidas, es la que avala los grados de incertidumbre, la que nos permite seguir mirando hacia delante cuando no funciona la calculadora.
Y por cierto, nuestro jefatura de estado también emana de dios, aunque a estas alturas esté avalada por los ciudadanos. Pero que esa acción democrática no nos haga olvidar que la sangre real no tiene otro origen que "el divino".

Alberto dijo...

Yo la fe, como argumento, es algo que siempre me he encontrado, mejor dicho, con lo que he chocado, porque eso es lo que ocurre, cuando tratas de mantener una discusión racional con un creyente. Siempre se llega a un punto donde te sueltan, ante algún por qué de los multiples que se pueden hacer, que eso es "así porque tienes fe y que para eso está la fe, para explicar lo inesplicable", y claro, ¿cómo se continúa ahí la discusión? No hay manera, y no porque no se intente, pero ante un nuevo argumento, la repsuesta vuelve a ser la misma, y de ahí no nos movemos. Y así al final llegamos a la conlusión de que la fe es, como dijo -creo- que Nietzsche, no querer saber la verdad.

elperdedor dijo...

Amigo LLamazares:

Todavía no he vuelto. STOP. Pero tengo un minuto para tí. STOP. Un saludo nada más. STOP. Un instante que ya se pierde. STOP. Se va, se va... STOP. Pasó un ángel. STOP.

(Saludos. Pronto vuelvo)

Una mujer desesperada dijo...

pues yo creo que la fe, religiosidades aparte, está en nuestro adn. tenemos fe en los demás, en el futuro, en la suerte...

cacho de pan dijo...

pues yo soy un descreído, tal vez sólo un desconfiado.
ahora mismo, al borde del quirófano -galáctico laser- sigo sin creer que pueda salir indemne de esto.
no hay demasiado tiempo para largos paseos, pero estuve por aquí y no encontré tontería.

Ing. Cardioide dijo...

Uuuuy excelente post! Esperaré entonces la continuación :D

Puede ser que la fe ahora sólo esté ligada hacia la parte religiosa que hay. Vaya, tampoco voy a ponerle fe a algo que ya esta establecido y que me ha funcionado jeje, simplemente lo uso y ya.

Somos curiosos los humanos, no sé por qué, pero esa fe aún la conservamos, como dices al último, a pesar de que no sabemos en sí qué es.

Pero yo tengo fe en el viaje que organizaremos pues :D jajaja

Aloha! Un abrazo,

Lalo.

franfer dijo...

Ya lo digo yo por ti: manda huevos :-)

Lula dijo...

Pues... yo tengo que reconocer que mi fe, a pesar de mis ganas de saber (llámese curiosidad), me es muy necesaria, y más en esta "era de la razón". Memoria y tiempo son limitados, y no queda más remedio que tener fe. Fe en la medicina, en la ciencia, etc., en todo aquello para lo que no tenemos ni los conocimientos ni el tiempo y, muchas veces ni las ganas de razonar por nosotros mismos. Puede que hayamos bajado un escalón a nuestro dios, además de multiplicarlo. Ya no es Dios el único hacedor, tenemos a muchos genios que hacen el trabajo por nosotros, mientras les depositamos nuestra cegata, vaga y dejada fe

Anónimo dijo...

Cuando hablan de fe siempre es asociada con algo religioso, sin embargo no hay que ser tan devoto para que la fe este presente en las personas, cuando alguien comenta de algun milagro, todo el que lo escucha empieza a tener fe, aunque siempre hay uno que otro incredulo que quiere expicar todo con la ciencia.
gracias a la fe se explican muchos acontecimientos que la ciencia talvez jamas descubra ni pueda explicar, pero sin embargo suceden.
una vez escuche que gracias a que podemos creer en algo mas grande y poderoso que la humanidad, gracias a que creemos en algo la vida va adquiriendo un poco de sentido y las personas nos sentimos mas seguras sabiendo que algo o mejor dicho alguien nos protege.

Javier Pérez dijo...

En alza o en baja, la fe sigue moviendo montañas.

Y mientras la smontañas se muevan, habrá que tener en cuenta la fe como fuerza. Creo.