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miércoles, 11 de julio de 2007

Accidentes "laborales" y "justicia" poética

Existen profesiones en las que se corren riesgos muy altos; también hay otras actividades en las que el peligro es enorme. Ejemplos hay muchos, pero yo siempre me quedo con dos casos paradigmáticos: los soldados y los toreros.

Los soldados, habitualmente, tienen poco que hacer. Su misión es defendernos, pero en tiempos de paz no suele haber mucha bola que rascar y para nuestra economía actual —como bien aclaró el genial Boris Vian— «la guerra es muy mala: elimina al cliente». Y, sin embargo, el soldado cobra regularmente su soldada. ¿Por qué? Porque cuando las cosas pintan feas, les llaman. Y cuando les movilizan, muchos mueren. Así que tampoco están tan bien pagados, en el fondo.

Los toreros, en cambio, ganan un pastón. Luego se pasean en un mercedes por ahí, y se ligan a todas las modelos, y pueden ir por la vida presumiendo de poner faltas de ortografía si les da la gana, pero a cambio tienen que jugarse la vida de tarde en tarde. Hace falta valor, y mucho; yo no he visto tan de cerca a ningún toro, pero visto el tamaño de las vacas... en fin, creo que cierto respeto merecen.

Todas las muertes son desgraciadas. Todas. Sin embargo, las de los soldados y las de los toreros son especiales: los soldados suelen ser muchachos —ahora también muchachas— en plena juventud, que quizá no ha disfrutado de muchas oportunidades, o no supieron aprovecharlas. Y mueren por motivos que, habitualmente, o desconocen, o no les importan en absoluto: patrullar oriente medio, intermediar entre clanes rivales que han cambiado las hondas por lanzagranadas...
Las muertes de los toreros, en cambio, son tragedias. Pero tragedias mediáticas: se explotan hasta la saciedad. Supongo que será por lo que entrañan de burla del destino, que nos demuestra que el exceso de valentía se acaba pagando... con la vida.

Ambas muertes nos conmueven; en otros tiempos, en otras formas de ver la vida, serían muertes gloriosas. Pero ya no entendemos el heroísmo como nuestros antepasados: hoy día vivimos de espaldas a la muerte. Todo eso sucede muy lejos, fuera de nuestro mundo desarrollado y ciberguay. Tan sólo, de cuando en cuando, alguna noticia impactante nos rescata de nuestra burbuja para recordarnos que somos de carne y hueso. Alguna tragedia que nos conmueve, alguna muerte inútil e innecesaria que refuerza el apego a nuestra propia vida.

Y, sin embargo, hay muertes inútiles y estúpidas que no nos impactan de la misma manera. Hace pocas semanas, un tal J.A.V., ejerciendo las labores propias de su oficio, se coló en una fábrica abandonada para recolectar un poco de chatarra y cobre con la que lanzarse luego al libre mercado. Y tan contento andaba el hombre, desmontando un transformador eléctrico, cuando le sobrevino la desgracia en forma de 55.000 voltios de descarga eléctrica. Al parecer, quedó hecho pura carbonilla.
Ésa sí que es una profesión de riesgo: ahí sí que hay peligro de sufrir un accidente laboral. Es todo un sector de nuestra economía el que se encuentra desvalido, siempre bordeando la desgracia, mientras al abrigo de la noche se adueñan de las placas solares de un parque eólico o de unos kilometrillos de cable de cobre.
Pero lo peor no es el riesgo, sino la falta de sensibilidad social: nadie alza la voz, nadie lamenta semejante tragedia...
Como cuando, en contadísimas ocasiones, algo sale mal, y al terrorista que construye una bomba le explota entre las manos.
Entonces nadie habla de tragedia. Si acaso, de justicia poética.


15 comentarios:

franfer dijo...

Precisamente estaba leyendo algo que tiene que ver con esto... a ver si adivinas:
"Cometes el error de creer que la muerte es un tragedia-dijo Paul, al que se le notaba desde la mañana en excelente forma"[...]"¿Te has dado cuenta de cual es la eterna premisa de la tragedia? La existencia de ideales a los que se atribuye mayor valor que a la vida humana. ¿Y cual es la premisa de las guerras? La misma. Te empujan a morir porque al parecer existe algo más valioso que tu vida"

Mariano dijo...

Accidente laboral y daño colateral, dos de mis eufemismos "favoritos"...

raquel dijo...

"Vivimos de espaldas a la muerte" dices. Y sí, vivimos lejos de la muerte o cuando nos toca de cerca, nos las arreglamos para darnos una pequeña tregua y seguir adelante. En realidad, nuestros compromisos son pocos y nuestra vida es, casi siempre, segura. ¿Cómo será tener una profesión en la que el riesgo es permanente? ¿Cómo tener aquella que cada día de trabajo te dice que corres el riesgo de vivir muchos menos años de vida que otros? Alguien me dijo una vez: "Soy minero y es lo único que sé hacer, lo único que quiero hacer"

Una mujer desesperada dijo...

mmm debo aclarar que a mí las muertes de los toreros no me conmueven en absoluto.

Javier Menéndez Llamazares dijo...

Desesperada, no me refiero a la reacción de cada uno, sino más bien a la conmoción social.
De todos modos, una muerte es una muerte, ¿no? Una cosa es estar en contra del toreo y otra lamentar que muera una persona: si defendemos la vida de los toros, con más razón defenderemos las vidas humanas, ¿no?
Bicos y sobaos!

Javier Menéndez Llamazares dijo...

Franfer:
Me parece que me suena... Es de Silvio Berlusconi, ¿verdad? De cuando estudiaba en el Campus de Oviedo, ¿no?
Por cierto, vaya racha de coincidencias: ni que yo leyera tus libros.
Un abrazo.

Javier Menéndez Llamazares dijo...

Mariano, son cosas de la "corrección política". Por eso a los políticos les llamamos "políticos", y no lo que de verdad se merecen.
Un abrazo.

Javier Menéndez Llamazares dijo...

Querida Raquel,
tengo la impresión de que el peligro es un valor que ha caído en desgracia: ahora preferimos la estabilidad, la tranquilidad, la seguridad.
Y, sinceramente, creo que hemos salido ganando con el cambio, porque quienes se juegan la vida, normalmente lo hacen "por dinero". Y, la verdad, me parece tan poca cosa...
Un abrazo.

Una mujer desesperada dijo...

bueno, a ver, no deseo su muerte, pero lo siento, no me conmueve. soy agnóstica, digamos.

Javier Menéndez Llamazares dijo...

Desperate, ya me imagino; por lo que he leído tuyo —que es mucho, por cierto—, ni por un momento he pensado que les desees la muerte.
Entiendo que no te conmueva; a fin de cuentas, nadie les manda ponerse allí, lo hacen porque quieren... porque quieren dinero y fama, supongo.
A mí sí que me apena, pero entiendo que de vez en cuando los toros tienen que pillar a alguno: si no hubiera peligro, si todo estuviese "controlado", la tauromaquia no tendría sentido.
(Vaya, acabo de escribir esto y me doy cuenta de que muchos podrían responder: "tampoco lo tiene ahora").
El que sienta la necesidad de decirlo, por favor, que lo diga.
Yo aún no tengo una opinión definida al respecto; creo que llevo unos veinte años tratando de formarla. Se agradecen ayudas.

Javier Pérez dijo...

El día que me metas a los chatarreros en la literatura épica, me hago gaseosero.

Lo juro.

Y puedo, ya sabes :-)

Moisé dijo...

yo cuando muere un torero, me pongo en pie, saco mi pañuelo y lo agito a la vez que aplaudo.

Lo siento, pero no hago diferencias, entre animal humano y animal no-humano.

Cuantos mas toreros mueran, menos toros moriran, asi que sí, me alegro de que mueran.

Javier Pérez dijo...

Lo malo, moisé, es queel día que muera el últimno torero morirán acto seguido todos los toros. En un matadero industrial. Después de aturdirlos. Oliendo a cuadra.

No sé tú, pero ya que humanizamos, yo prefriría morir entre grandes sufrimientos después de haber podido luchar, que ejecutado por una inyección letal con la mayor alevosía.

preferiría morir en la guerra que de Alzheimer. ¿Tú no?

Moisé dijo...

En la guerra al menos tienes opción a ganar, una corrida de toros no es competición, la pena y la gloria esta adjudicada desde meses antes, lo maximo a lo que puede aspirar un toro es a cargarse al torero antes de que lo maten.

Lo siento, empatizo mas con los animales que con los humanos,

Roberto dijo...

Qué me vas a contar compañero. No acaba uno de formarse como Técnico Superior en Prevención de Riesgos Laborales y ya anda asustado. Como decía un buen amigo en una frase muy gráfica: "está la cosa muy jodida"... y en esto ya digo yo, porque sólo se ve una milésima parte de lo que pasa. Cuando tienes que lidiar con ello en el día a día, no te cuento. El torero sabe por donde le viene el toro, nosotros ni eso. Además y sólo como puntualización: ni al soldado ni al torero le afectan la Ley de Prevención de Riesgos Laborales, uno -el soldado- porque está expresamente excluido de su ámbito de aplicación, y el otro porque suele ser autónomo a efectos de la legislación laboral... otra cosa sería su cuadrilla. Así que peor todavía: cuanto mayor riesgo menor protección.

Lo dejo porque esto es lo mio y me caliento la boca muy rápido.

Un saludo.