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jueves, 5 de junio de 2008

La tijera del redactor jefe

¿Qué hará, una semana? Siete días atrás andaba yo tan contento, glosando las alabanzas del papel prensa y dando cabriolas por las esquinas, cual feliz abrazafarolas, entusiasmado con mi nueva reencarnación en tabloide. Hoy, sin embargo, me veo obligado a admitir que, igual, me pasé un pelín.
Y es que esta mañana, así, sin esperarlo, me he vuelto a topar con uno de los demonios familiares del plumilla: la tijera del redactor jefe. No, no es un cuento de Poe; es más bien un justo castigo para los colaboradores plastas que se pasan de la cuenta. Y no me refiero al contenido, sino al continente: de lo que me he pasado es de extensión.
Es verdad que yo ya lo sabía: demasiadas veces he tenido, no ya que escribir, sino sobre todo que maquetar páginas —sobre todo de revistas; ¿he hablado ya del difunto semanario «Las Comarcas»? ¿No? Pues preparaos, que no os libráis—, como para no ser consciente de las limitaciones de espacio que impone el papel: hay un número máximo de caracteres que caben en la columna, y no hay más cáscaras.
Claro que yo lo sabía, cómo no. Pero una cosa es saberlo, y otra acordarte. Y esta vez, me falló la memoria. Después de un año largo tecleando en el blog lo que me da la gana, ¿quién es capaz de comprimirse, de encorsetarse en las trescientas y pico palabras? Sí, bueno, no es tan difícil, vale... Mea culpa.

(Por cierto, que lo de las tropecientas palabras siempre ha resultado muy discutible; hay quien prefiere medir por caracteres, y lo razona diciendo que, si se ponen palabras muy largas, aumenta la extensión. En fin, es una opinión. Y, como tal, rebatible: tampoco es del todo exacta la medida de espacios, porque cualquier listillo puede llenar su artículo de emes, que ocupan mucho más que las íes, y te descuadra la página por completo.)


En fin, que ya se me habían olvidados las penurias del columnismo —que hay más, ¿eh? Otro día hablaremos de cómo se pierden las cursivas, de la angustia de la hora de entrega o incluso de las dudas sobre la difusión...—, y esta mañana ha llegado la famosa tijera de la redacción a recordarme mi condición de pobre mortal y víctima propicia. Y lo peor de todo es que no me puedo quejar: yo mismo —que ya intuía algo— había advertido al jefe de Cultura de que, si sobraba chicha, cortara por lo sano. Y no veas cómo me duele ahora. Que para algo eché un rato largo cavilando, a ver cómo remataba con gracia un artículo más bien sosainas. Y no es que el resultado fuera como para tirar cohetes, pero coño, mi trabajo me había costado.
Menos mal que tengo un blog. Porque así, ahora puedo echarle jeta y encasquetar aquí el texto íntegro, y así, al menos, me queda la sensación de que no tecleé en vano el último párrafo. Cierto que alguno podrá objetar: «Pero, chaval, si de verdad querías decir algo interesante, haberlo escrito antes, hombre». Sí, claro. O haberlo escrito mejor, no te digo... Seguro que hasta habrá quien piense que el artículo gana más así, aligerado «Total, por tres puñeteras líneas que te han cortado...».
Pues nada, ahí va la versión del autor, en plan edición de coleccionista (para comparar, aquí está la versión impresa):

Cultura juvenil

Hace un par de meses, la casualidad me llevó a conversar un rato con el presidente del Ateneo de Santander, Carlos Galán. El gran profesor y crítico me comentó que una de sus ambiciones insatisfechas al frente de la institución era atraer al público joven; que por más que lo habían intentado, con la programación cultural en la mano no había manera de rejuvenecer la audiencia. La cuestión no es que falte interés por las actividades del Ateneo y escasee el público, sino que el personal no se renueva y, a este paso, la implacable lógica de la demografía acabará por finiquitar la sociedad.

Es de suponer que este verano, merced al convenio con la UIMP, mejore el panorama, aunque no será más que un espejismo: los chicos que acudan buscarán “créditos”, no alimento cultural. Pero no se desesperen: esto mismo que ocurre en el Ateneo, sucede en cualquier foro. Pocos son los asuntos que movilizan hoy día a la población más joven, y la cultura no es uno de ellos, precisamente.

Probablemente sea más sencillo reventar cualquier aforo tirando de lo más obvio: estrellas de la tele, farándula o incluso del cutre-famoseo. Con reclamos así, el éxito suele estar garantizado; hasta tal punto, que no creo que haya municipio en todo el solar ibérico capaz de tirar la primera piedra.

Sin embargo, el Ateneo, y otros foros con buen paladar, mantienen una elegante —y, por qué no decirlo, también en cierto modo decadente— pose retro, programando a la contra: presentaciones de libros, conferencias divulgativas, debates de actualidad… Lástima que, actualmente, algunas de estas actividades se hayan convertido, para buena parte de las nuevas generaciones, en auténticos fósiles culturales. Y, aunque no sea improbable que las oscilaciones del gusto las vuelvan a poner de moda, es evidente que, si se quiere recuperar a un público juvenil, y que no sólo es tan culto como el maduro, sino que además está mejor formado y tiene acceso a una oferta más amplia que nunca, lo que procede es adaptar la programación a la demanda real: tecnología, cultura pop, ideologías alternativas, nuevas músicas… Quizá sea momento de que, también en Cantabria, empecemos a quitarnos los guantes de la “alta cultura”, y asumamos que hay que saltar al ruedo de lo que ahora mismo bulle en nuestra sociedad, a pesar de que quizá no sea tan chic.

Y, aún así, va a resultar una tarea titánica, si no sísifa, intentar trasladar el epicentro del movimiento juvenil desde Cañadío hasta el Ateneo. Porque, aunque haya pocos metros de distancia, la cuesta está muy, pero que muy pindia.


PS. Por cierto, que no soy el único bloguero que se "pasa al enemigo": acaba de hacer lo propio Óscar Sin Nick (sí, sí, el de periodistasdecantabria.com y "Lo llaman política"), que debutó esta semana en El Mundo-Hoy Cantabria. Enhorabuena, sobre todo para quienes lo han fichado.

11 comentarios:

Sterling dijo...

Muy buenas!

Aqui una lectora mas o menos asidua de tu blog, que creo que por fin se anima a escribirte unas lineas - no me queda otra, creo, despues de que estrenases los comentarios del mio -.

La verdad es que joroba bastante cuando un texto, una obra, o cualquier expresion artística que sea, tiene que crearse con unos límites establecidos. ¿Quien no recuerda aquellas redacciones de no más de 100 palabras de la escuela? Pero bueno, comprendo que a veces hay cosas contra las que no se puede luchar (en tu caso, el espacio físico del papel!)

En cuanto al contenido del artículo, la verdad es que es muy interesante. Los foros culturales se están quedando mas bien escasos de público nuevo. Las generaciones "esemeseras" que surgen de este sistema educativo tan igualatorio y megaguay dan auténtico pánico... no niego que puedan ser grandes conocedores de tecnologias y estarán preparados mas o menos para el mundo empresarial, pero desde luego, apenas tienen ese ansia por conocer cosas, leer libros y demás que sí tuvimos nosotros. Hablo obviamente de generalidades, que no todos son así afortunadamente.

Esa cuesta que está al final del artículo creo que resume perfectamente la situacion.

Saludos!

Cris dijo...

je, después de leer tu post yo para mi que la culpa de esos cortes la ha tenido alguna viuda o alguna huérfana, jajaja. En mis tiempos de hacer maquetaciones a mi me traian frita esas dos y siempre cortaba los textos justo para evitar esas lineas tan poca cosa, je.

En cuanto a tu artículo me ha parecido interesante y estoy contigo que es cuestión de esfuerzo que mucho no se va a hacer porque la cuesta en pindia
:-) me he leido tu artículo no recortado, el otro lo dejo para los que no tienen la suerte de saber que tienes un blog, donde caben todas las líneas!!!!! saludetes!

iamsogreat dijo...

Te contesté al mail sobre lo de les entraes porque pensé que lo veríes antes que en el blog. No obstante te aviso por aquí tamién...

iamsogreat dijo...

espero que no te perdieras ESTO


cONTENTA ESTOY JOder

Mª Gemma dijo...

Un placer haberte conocido en el Blog&Beer, siento lo del tijeretazo, realmente no queda igual...
Un abrazo

Mariano Zurdo dijo...

Apenas tengo tiempo estos días ni para escribir ni para leeros. Yo últimamente meto la tijera de las prisas, que son lo peor, porque me hacen perderme muchas entradas interesantes.
Por suerte, has actualizado poco últimamente y esta entrada no me la he perdido.
Sigue disfrutando del columnismo, aunque sea esquivando tijeretazos.
Besitos/azos.

abuelonet..com dijo...

La tijera tenemos que tener cuidado de que no entre en nuestras cosas escritas con todo nuestro amor y corazón, porque dar un tijeretazo nos quita el sabor de nuestra escritura, hemos de leer antes de pasar la tijera que solo sirve para romper relaciones, amistades y amores.
Un saludo.

Radix dijo...

Es imposible que la juventud, con la educacion que ha tenido, se interese en nada diferente, sería mejor empezar por la base.

http://cantabriaradixhispaniae.blogspot.com/

Anónimo dijo...

Bonito mensaje fuerte. Nunca pensé que era tan fácil. respetos a usted!

Anónimo dijo...

post impresionante. Realmente disfruté la lectura de su blog.

Anónimo dijo...

Tenga un buen día, mi amigo!